Un SOS por Haití es necesario

Un SOS por Haití es necesario

Un SOS por Haití es necesario

Por J. Alexander Pérez

En varias conversaciones que sostuve con un nacional haitiano, nacido y criado de aquel lado, pero que luego emigró para este, y por su inteligencia, capacidad de trabajo y deseo de superarse se ha insertado con éxitos en esta sociedad; él me explicaba que la situación de pobreza y exclusión en que se encuentra su pueblo les ha desarrollado un síndrome de deslealtad, asechanza, desconfianza y odio, que empeora aún más esa postración.

De acuerdo a ese natural haitiano, en la población nadie confía en nadie, cualquier cosa de algún valor, aún sea insignificante, debes esconderla hasta de los familiares que te rodean; las violaciones sexuales pueden venir de cualquiera del entorno; las madres o padres abandonan a los menores a su suerte, y cuando alguno se destaca por alguna razón, se convierte en el odio incontenible de los demás.
Me decía que lo más preocupante es que esa capacidad de resentimiento hacia quienes logran salir del sumidero, se ha impregnado hacia la sociedad dominicana, que el haitiano común observa a este lado de la isla como “el tigre feroz” que ha devorado sus posibilidades de vida y bienestar.

En el 2010 cuando se produjo en terremoto en Haití, que fuimos parte de una batería de periodista que viajamos a hasta allá a cubrir las incidencias, y observamos en varios puntos esos almacenes humanos, llamados: “campamentos de refugiados”, y señalamos que esa situación duraría décadas para superarse, y que con el tiempo se convertirían en hospederos de delincuentes y criminales que cruzarían la frontera con sus acciones.

En mi percepción la comunidad internacional, incluyendo a la ONU y la propia OEA, han sido poco solidarias con la situación de extrema pobreza en que ha caído Haití. Aunque justo es reconocer que estos tampoco se dejan ayudar, porque tienen un liderazgo irresponsable, ventajista, egoísta y sectario.

La misión de la ONU con la Minustad nunca se debió suspender, por el contrario había que ampliarla, hasta doblegar al liderazgo político y empresarial haitiano e imponerles una estrategia, ni siquiera de desarrollo, sino de superación de la postración en que viven, a ver si en 50 ó 60 años, se ha logrado algo.

De ahí que me parece inteligente la iniciativa del presidente Luis Abinader, junto a sus homólogos de Costa Rica y Panamá de emprender gestiones para impulsar un desarme, pa¬cificación y fortalecimien¬to de la seguridad. Sin embargo, hablar de elecciones libres y transparentes en una sociedad donde más del 80 por ciento es indocumentada, creo que es un exceso de optimismo.

La única solución viable que entiendo se debe imponer en Haití es la creación de un fideicomiso internacional liderado por la ONU y la OEA, encabezado por un general de Estados Unidos, Canadá, Brasil o Europa; e integrado por un representante del sector empresarial, político y social de ese país, que los conduzca hasta que las circunstancias internas de superación, progreso y educación hayan alcanzado un nivel confiable para que ellos mismos se puedan gobernar, y “haréis justicia”.
@alexandrperez



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