Un regalo envenenado
El gran Mariano Rivera no necesitaba un regalo envenenado para ratificarse como el mejor cerrador de la historia.
El lanzador panameño ha tenido demasiado gloria por su propia cuenta para merecer un premio no merecido.
El homenaje de dejarlo solo en el montículo, idolatrado por todos, aliados y adversarios, era suficiente. ¡Me paró los pelos! Cierto, no hubo grandes actuaciones, pero algunas fueron más valiosas que la de Mariano, quien sólo lanzó el octavo.
Claramente se vio una intención de otorgar un premio histórico que paradójicamente distorsiona la historia que tendrá que recoger que el primer MVP otorgado a un closer fue recibido por un lanzador que ni cerró, ni ganó, ni fue excepcional.
A las nuevas generaciones corresponderá justificarlo, da la impresión que le otorgarían el premio aunque hubiese perdido.
Me reitero marianista, reconozco su grandeza, lo seguiré admirando, me gustaría volver a entrevistarlo, pero sostengo que se ha creado un mal precedente. ¡La historia no se debe retorcer!