Un 14 de junio

editorial

La expedición del 14 de junio de 1959, organizada con la finalidad de iniciar en el país la lucha directa contra la tiranía de Trujillo, cumplió ayer 67 años, un tiempo suficiente para una valoración desapasionada.

Cualquier persona interesada tiene hoy a su alcance bastante información y consideraciones sobre el régimen al que combatían, como de la calidad y las aspiraciones de los expedicionarios.

Pero es posible que pocos tengan al mismo tiempo una idea, siquiera superficial, de lo que puede y debe hacer cada dominicano convencido de que la vida en libertad es lo conveniente en cualquier tiempo y circunstancia.

Una tarea pendiente, como consecuencia, es preguntarse cómo fue posible la incubación y desarrollo de una tiranía en un pueblo que unos treinta años antes se había quitado de encima otra tiranía: la del general Ulises Heureaux, Lilís.
Esta reflexión es necesaria, porque al día de hoy parece que lo único que se puede hacer por los hombres que ingresaron al país por Maimón, Constanza y Estero Hondo a combatir el trujillato es rememorar su valor de año en año.

La realidad es que en el plano militar venían a enfrentar a uno de los ejércitos mejor equipados del Caribe, que no era poca cosa entonces ni en ningún tiempo. Y posiblemente la mayoría de ellos lo supieran, tanto los dominicanos como extranjeros enrolados.

Aquel régimen tenía, además, un firme control de la población —en términos policiales, sociales e ideológicos—, y aunque pudiera parecer que aquellas eran particularidades a combatir sobre la marcha y desde un punto de vista político, pueden haber sido elementos decisivos desde el primer momento.

Hoy día la libertad de iniciativas, pensamiento, asociación y credos es tan amplia que muchos pueden vivir convencidos de que siempre ha sido así, y sin embargo no lo es.

Después del 14 de junio de 1959, a pesar de la masacre de la expedición, el pequeño mundo de los dominicanos empezó a cambiar y ojalá y haya sido para siempre.

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El Día

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