Damasco.-Las fuerzas sirias sufrieron ayer las mayores bajas desde la instauración de un cese del fuego hace tres semanas, con la muerte de 22 de sus miembros en combates con militares disidentes cerca de Damasco y en la región de Alepo.
Quince miembros de las fuerzas de seguridad, entre ellos dos coroneles, perecieron en una emboscada tendida por los rebeldes -la más mortífera desde el 12 de abril- en la provincia de Alepo (norte), donde dos rebeldes también murieron, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).
Por otra parte, siete soldados y un desertor murieron en enfrentamientos cerca de Damasco, mientras en el este, el ejército sirio bombardeaba e incendiaba casas de militantes en las localidades de Deir Ezzor, precisó la ONG con sede en Gran Bretaña.
Un civil también murió a manos de los soldados del régimen en Deraa (sur). Esta intensificación de la violencia se da a pesar del despliegue el 16 de abril de un equipo restringido de observadores de la ONU encargado de vigilar la tregua, violada diariamente, de conformidad con el plan de paz del emisario internacional Kofi Annan.
El martes, la ONU acusó tanto al régimen como a los opositores de violar la tregua, destacando al mismo tiempo que los observadores en el terreno constataron que armas pesadas seguían presentes en las ciudades, en violación del plan Annan.
No obstante, el régimen de Bashar al Asad había aceptado esta iniciativa, lo mismo que la rebelión armada, menos equipada que las tropas gubernamentales. Las fuerzas de la rebelión habían advertido que replicarían a todo ataque del ejército contra ciudades y poblados.
Los rebeldes dicen defender a los civiles de la represión de la revuelta popular contra el régimen que estalló el 15 de marzo de 2011.
El gobierno no reconoce la amplitud de las protestas y afirma combatir a bandas terroristas acusadas de querer sembrar el caos.