Temor a un terremoto
Cada vez que en el vecindario geográfico ocurre un terremoto catastrófico, como los ha tenido Haití en el transcurso del siglo, y ahora Venezuela, donde todavía vemos los efectos de sismos consecutivos, resurge en el país una ola de comentarios acerca de la necesidad de anticiparse al desastre.
La preocupación, muy marcada en gente entendida en estos fenómenos y en materia de estructuras, parece razonable.
El desplome del techo de Jet Set, la madrugada del 8 de abril de 2025, es una muestra en pequeño de lo que pudiera suceder en grande en caso de que un terremoto potente afecte alguno de los centros urbanos del país.
Siempre es posible contar con la solidaridad internacional, pero esto nunca será bastante, como lo dejan ver este tipo de situaciones alrededor del mundo.
Algunos centros de salud del país recibieron en 2010 a miles de haitianos lesionados en un evento sísmico al que le cuentan las muertes por cientos de miles, pero de aquel remezón han pasado más de 16 años y por la dinámica de la vida de estos tiempos tal vez sería excesivo pedirle a la población un recuerdo vivo sobre el particular.
Están todavía en curso, en cambio, los efectos de los dos terremotos consecutivos del miércoles pasado en el entorno de Caracas y es imposible que alguien pueda sustraerse a la conmoción generada en el mundo.
Las altas temperaturas propias de un país tropical hacen aconsejable la construcción de viviendas de madera, pero los efectos de las grandes tormentas tropicales sobre el país han movido a la generalidad de la población a buscar la firmeza de las edificaciones hechas con bloques y losas, que a su vez permiten la superposición de viviendas.
¿Son estas construcciones, hechas con criterios particulares, seguras ante sismos como los ocurridos en Haití y en Venezuela?
Muchas voces dicen que no, rotundamente, o se acogen a una duda razonada.