SOS
Dicen que la juventud es atrevida. Un día visitando la hermosa provincia de Barahona, junto con mi familia paterna, tenía 15 años, nos detuvimos en la playa de San Rafael, había un clima espectacular, un sol radiante, con un mar caribeño rebelde, que te seducía a disfrutar de sus oleajes, mi corazón rebelde también fue encantado por su espuma brillante.
Y decidí nadar no importando las consecuencias. Cuando creo que estoy dominado las olas, de repente algo grande pasa sobre mi cabeza, una ola de 10 pies me hunde hasta tocar el fondo del mar. En un instante comienzo a perder todos los sentidos, no sé de mí, comienzo a ahogarme, es el fin. Cuando mis manos ya no tenían fuerzas, aparecen unas manos que me sostienen, son las manos de un salvavidas, que rescató mi vida.
Así mismo hoy en día Jesús, en los momentos de más angustia, donde no hay salida, cerca del fondo, tocando la puerta de la muerte, viene al rescate.
Pedro, el discípulo de Jesús, tuvo una experiencia, no igual a la mía, pero él también comenzó a hundirse. Leamos lo que dice la Biblia: Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. (Mateo 14:28-32).
Hay tiempos en tu vida en que hay vientos bravos que quieren derribarte y hundirte para que toques fondo, levanta tus manos al cielo y pide ayuda, vendrá el mejor salvavidas del universo, que es Jesucristo, acércate por fe a Él y te sustentará para siempre.