Sobrevivir al coronavirus

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Altagracia Suriel

Ya la pandemia del coronavirus se instaló a nivel comunitario, afectando personalidades de la vida pública con contagios y muertes lamentables como la de Jenny Polanco. Todos ya conocemos algún caso cercano de alguien que padece la enfermedad.

En la mayoría de los países occidentales se han declarado los estados de emergencia o excepción. A todos los une la tragedia, cohesionados bajo una misma acción e instinto: sobrevivir.

Nuestra naturaleza intrínseca ante la calamidad que nos amenaza es la sobrevivencia. Sí, mantener la vida porque es lo más valioso que tenemos y cuando se pierde se acaba todo.

Sobrevivir en tiempos de coronavirus nos lleva a entrar cuarentena, a cuidar a los mayores, a descontaminarnos y a ponernos en manos de Dios.

Entrar en cuarentena:
Entrar en cuarentena es aislarnos, permanecer en nuestras casas y respetar el toque de queda. Parar el ritmo, el movimiento, la circulación y laborar a distancia.
Hay que asumir la cuarentena como una purificación. Jesús duró 40 días preparándose para iniciar una misión que implicaba la muerte, pero la venció. Vivir la cuarentena nos dará vida y podremos resurgir más fortalecidos frente a todo.

Cuidar a los mayores:
El mal del coronavirus se ha ensañado con los envejecientes, sobre todo con los que tienen precondiciones de salud. Tenemos que cuidar de los mayores por ellos y por nosotros. No pueden convertirse en los desechables de la sociedad en este tiempo de precariedad. La vida de una persona de 70 es igual de valiosa que la de una de 20.

Descontaminarnos:
Sobrevivir al coronavirus es un ejercicio de descontaminación continua: lavarnos las manos y limpiar las pertenencias y los espacios expuestos al virus. Descontaminarnos también de la infoxicación, de las noticias tóxicas, mendaces y alarmistas, porque, si no nos mata el virus, puede matarnos el miedo.

Ponernos en manos de Dios:
Como dice el Papa Francisco, ante esta pandemia, tenemos que unir nuestras voces al cielo. Cuando el ingenio humano falla, cuando perdemos el control, en tiempos de adversidad, mirar a Dios puede ser la única forma de encontrar las fuerzas para vencer.

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