La elección de seis nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia y la designación del presidente debe de ser uno de los procesos que más interés ha generado alrededor de este órgano rector del Poder Judicial.
Tal vez el de la estructuración de la Suprema, bajo lo dispuesto por la reforma de la Carta Sustantiva de 1994, pueda haber generado más interés, tanto por lo que significaba como novedad como por la actitud con la que la sociedad y la política veía aquella renovación.
Hasta entonces la designación de los jueces era una facultad del Senado de la República, un órgano que siempre ha estado bajo el control de uno u otro partido político, lo que dejaba la designación de los jueces de un sólo lado del espectro político.
Esta vez ha quedado en el aire la sensación de que hubo que trabajar para la elección, y por lo visto se hizo con cuidado.
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