El concepto de “sesgo cognitivo” es usado en psicología para explicar cómo y por qué la capacidad de las personas para pensar racionalmente se desvía, llevándolas a conclusiones erradas y razonamientos distorsionados.
Los no especialistas solemos usarlo para referirnos a quienes dan por ciertas cosas que no lo son, descartando evidencias en contrario.
Usar este concepto es perfectamente legítimo en el debate, pero debe hacerse cuidadosamente porque cuando se señala una persona con el índice, tres dedos suelen apuntar al dueño de la mano.
El miércoles pasado, la procuradora general de la República acusó de tener un “sesgo cognitivo” a quienes entienden que el imputado cuenta con una protección especial en el proceso penal y a quienes denuncian que en el país se abusa de la prisión preventiva.
Ya al inicio de su ponencia cometió un grave error: afirmó que la Constitución designa al Ministerio Público como “garante del Estado de derecho”. Esa es una función que, analizada estrictamente, corresponde a los jueces, que son los llamados a poner freno al uso arbitrario del poder. Visto el asunto de forma amplia, corresponde a todos los órganos públicos, no sólo al Ministerio Público, porque todos están constitucionalmente llamados a respetar y hacer valer los derechos de las personas y las normas.
Sobre la centralidad del imputado en el proceso, es la Constitución la que la establece, por ejemplo, en sus artículos 40 y 69. La razón es obvia: es quien está sometido directamente a los rigores del proceso y cuya libertad corre peligro.
Lo de la prisión preventiva debería ser un mea culpa, porque si los datos que se manejan son incorrectos, debe recordar que el “Resumen estadístico de la población privada de libertad” emitido por la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales en 2025, cuando aún formaba parte del Ministerio Público, confirma que el 64.59 % de los privados de libertad son preventivos. El informe corresponde a su propia gestión como procuradora.
También dijo que los sesgos cognitivos llevan a hacer las cosas sin fundamentos, sin evidencias y sin pruebas; que eso lleva a tomar decisiones que no son objetivas; y que hay que tener cuidado con los atajos en la vida. Con esto sí estoy completamente de acuerdo, y agrego que pueden impedir ver lo que se tiene ante los ojos.
Parece que el sesgo cognitivo no está donde lo busca, sino en otro lugar.
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