Conquistar el futuro

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Decir que vivimos tiempos convulsos es reiterar lo evidente. Dondequiera que se pose la mirada, ya sea en el ámbito nacional o internacional, se observa caos y flujo donde antes había estabilidad. Para algunos el trance histórico es similar al que dio origen al comunismo y al fascismo a finales del siglo XIX y principios del XX. No andan muy errados

Es evidente que, sobre todo en Occidente, existe un agotamiento del sistema político y económico y un debilitamiento del pacto social. La insuficiencia de las respuestas a las necesidades de la población ha generado en esta un descreimiento creciente en las instituciones vigentes y un deseo de cambio que no repara en la dirección hacia la que este apunta. Esto ha llevado a una polarización creciente y, con ella, al auge de los extremismos.

Mientras tanto, el orden de la democracia liberal se tambalea, tropieza y titubea. Pueden hacerse muchos análisis de cómo llegamos a este punto, pero pienso que lo importante es ver qué podemos hacer para salir de él.
Es conocido que los extremismos florecen en tiempos de dudas porque ofrecen respuestas sencillas a interrogantes complejas. Para quien se siente inseguro, resulta mucho más atractivo un enemigo fácilmente identificable o una causa sencilla de sus problemas que una respuesta llena de matices e incertidumbres.

Pero hay un elemento adicional, al que creo que debe prestársele atención: los extremismos ofrecen una visión clara del futuro que nos espera cuando obtengan el poder. No es que sea una visión coherente o realista, pero es clara. El liberalismo parece haber renunciado a ello y, por consiguiente, a la posibilidad de enfrentar a los extremismos.

Cuando hablo de liberalismo, me refiero a la ideología que lideró las tres grandes revoluciones democráticas de la Edad Moderna: la Revolución Gloriosa de 1688, la Revolución Estadounidense y la primera fase de la Revolución Francesa. Esa ideología que introdujo al mundo en una era sin precedentes de progreso material, científico y político.

En lugar de dedicarse exclusivamente a la autocrítica y a la defensa de tiempos pasados, debe despojarse de sus inseguridades y mostrarnos todo lo que aún puede ofrecer y los extremismos no. No basta con esforzarse en preservar lo logrado, que es mucho; tiene que lanzarse a conquistar el futuro. Es posible y es necesario.