Bañados en sangre

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

La historia de la reforma policial en nuestro país es la de la noria, siempre dando vueltas y llegando a ningún lugar. El ciclo se repite una y otra vez. Primero, un aumento marcado de la inseguridad ciudadana; segundo, se instala la “mano dura” como política de respuesta; tercero, nos tenemos que lamentar de escándalos causados por abusos policiales, lo que hace cambiar de política; cuarto, se repite todo de nuevo.

Este patrón existe porque el miedo que causa la inseguridad ciudadana abona el terreno en el que germina la idea de que existen soluciones fáciles a problemas complejos. Los ciudadanos no quieren vivir con miedo. Eso es natural y nadie puede cuestionarlo. Durante décadas, la falla ha estado en los líderes políticos y sociales del país, que no han afrontado la responsabilidad de solucionar los problemas estructurales y evidentes que tiene la Policía Nacional.

Por eso, cada vez que sus tibios esfuerzos de reformar la Policía Nacional fracasan, nos proponen la solución fácil: saldremos a matar hasta que estemos tranquilos.

Pero de esa semilla no puede surgir nunca la paz. Es imposible que un cuerpo uniformado que se preste a este nivel de violencia sea, a la vez, un cuerpo capaz de someterse a la ley. Si no lo hace en lo grande, menos lo hará en lo pequeño. Donde se aceptan los gatillos alegres, con mayor razón se acepta al que extorsiona, exige sobornos y abusa de su poder de mil maneras.

Y esos abusos los sufrimos todos, eso no puede negarse. Por eso, una de las razones más inmediatas para oponerse a esta política es el temor a que un policía se “equivoque” con uno o con alguien a quien amamos.
Además, la “mano dura” no resuelve la delincuencia. Ni resuelve los problemas sociales que la hacen surgir, ni hace a la Policía más idónea para enfrentar la criminalidad en forma eficiente.

Así, estamos atrapados en este círculo vicioso, sin que los responsables de encontrarle salida la busquen. Ya vendrá el llanto y rechinar de dientes la próxima vez que, por enésima vez, un grupo de policías masacre a gente inocente. Pero entonces será tarde.

La reforma hay que tomársela en serio, y en la Policía hay material humano para hacerlo. Dejen de ofrecernos soluciones tan fáciles. Seguimos inseguros y, además, bañados en sangre.