Secuelas del 2020

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Las secuelas del año 2020 el mundo puede imaginarlas y hasta aventurar en cuál sector de cada nación serán más dolorosas.

Entre nosotros, por la particular coyuntura electoral que desde el año 2019 empezó a mellar al órgano clave en estos procesos, cualquiera puede suponer que las consecuencias serán muy marcadas en el plano político.

Pero ese es un sector de nuestra realidad en el que las crisis, particularmente las de carácter electoral, han sido constantes, y a veces profundas, como para haber forjado una amplia experiencia, tanto entre los que pueden ser considerados profesionales de la política, como entre dilectantes y aquellos que apenas se ocupan del deber democrático cada cuatro años.
Las consecuencias peores llegarán en el área de la educación, en la que desde ya la pandemia ha generado consecuencias importantes entre profesores y estudiantes y promete seguir generándolas en el porvenir inmediato.

El programa de estudios al modo tradicional, supuesto a concluir en junio, terminó en el primer tercio de marzo.

De allí en adelante quedó librado a la creatividad, a la posesión de los recursos tecnológicos por parte de la familia y de los profesores, a la calidad de los equipos y a la conectividad, así como a las destrezas que pudieren tener unos y otros, que acaso el uso que hasta entonces les habían dado a las nuevas tecnologías de la comunicación se limitaba a instrumento telefónico, de diversión y de moda.

Siempre la educación ha sido vía, o raíl, sobre la que se desplaza la civilización, la cultura (vista desde la óptica de la instrucción y el buen gusto) y la posibilidad de comprensión del mundo y de la buena administración de los asuntos económicos, sociales y políticos.

Los baches en el campo de la educación, como en cualquier otro, siempre pueden ser cubiertos, pero se necesita para ello de una gran fuerza de voluntad y de la conciencia sobre los efectos perniciosos del agujero que dejamos detrás, lo mismo que del riesgo si queda mal corregido.

Por ello advertimos hoy, cuando todavía se discute lo que se hará con el año escolar que está supuesto a ser iniciado el 24 de agosto, que las deficiencias en educación dejan ver sus malos frutos y las buenas obras su abundante cosecha.

De algo deben servirnos la memoria del trabajo de Hostos, del Instituto Escuela y de Los Hermanos de la Salle, por sólo citar tres columnas memorables en la vida nacional.

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