Sacrificio y nacionalismo en Juan Pablo Duarte

Nacionalismo. Desde muy joven, Duarte abogó por una nación libre e independiente Devoción católica. Rechazó la intolerancia

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Acto de develizamiento de la estatua de Juan Pablo Duarte.

Este 26 de enero se conmemora el 207 aniversario del natalicio de Juan Pablo Duarte, efeméride oportuna para rendir los más elevados tributos al dominicano más ilustre, honorable y desprendido, a quien debemos las ideas que fecundaron la fundación de la República Dominicana como nación libre e independiente.

Sobre la infancia del Padre de la Patria su hermana Rosa Duarte reseña que había en él una refinada sensibilidad que se traducía en su carácter dulce y afable. Expresa, además, que a los seis años sabía leer y recitaba de memoria todo el catecismo. Sus maestros fueron los presbíteros José Antonio y Dr. Gutiérrez.

Copia de la única fotografía de Duarte. Fue tomada en Venezuela en 1873 el fotógrafo Próspero Rey.

La preferencia por lo religioso en la enseñanza de Duarte perduró y se articuló con las demás facetas de su pensamiento, lo que se evidencia en el Juramento Trinitario, en su ideario y en el proyecto de Constitución, el cual está encabezado con el nombre de Dios, Supremo Autor, Árbitro y Regulador de las naciones.

La devoción católica es incuestionable en Duarte, pero esto no perturbó su espíritu, ni dió espacio al fanatismo o a la intolerancia religiosa, tampoco lo desvió del camino del objetivo patrio.
Sus padres, el comerciante de origen español Juan José Duarte y Manuela Díez Jiménez, deciden enviarlo al exterior para su formación cultural. Aprendió idiomas, contabilidad y otras materias encaminadas al desarrollo de su negocio. Para el viaje del joven a Estados Unidos y Europa le sirvió de tutor el exjuez Pablo Pujols.

“Yo soy dominicano”

Ya Duarte transitaba la adolescencia cuando se le presentó la primera oportunidad de reaccionar ante la presencia haitiana en la parte este de la isla: el capitán del buque que lo transportaba a Norteamérica le preguntó si a él no le daba pena decir que era haitiano. A esto el joven contestó: «Yo soy dominicano».

El capitán le replicó con desprecio: «Tú no tienes nombre, porque ni tú, ni tus padres merecen tenerlo, por cobardes y serviles inclinan la cabeza bajo el yugo de sus esclavos». Este incidente fue importante en el despertar de las ansias libertarias del futuro Prócer.

De New York a Europa

Durante su estancia en New York continuó sus estudios de inglés y empezó a estudiar geografía. De Estados Unidos partió a Europa; primero a Londres, luego a Francia y por último a España. Para entonces todo el continente estaba agitado por la aparición de corrientes ideológicas como el romanticismo, el liberalismo, el nacionalismo y el socialismo utópico.

Cada una de estas corrientes, excepto la última, penetró en su espíritu brindándole la esencia de su actuación futura.

Esta forma de pensamiento, junto a otros procesos sociopolíticos vividos por Duarte, le aportaron las bases ideológicas para definir un proyecto nacional que permitiera la redención de su pueblo.

Su concepción de nacionalismo se fundamentó en la confianza en el pueblo.
Duarte hizo suyo el postulado que establecía que la patria está por encima de los reyes y magistrados, comprende a todas las clases sociales, a los fieles de todas las religiones y sectas, y a los hombres de todas las razas que en su suelo conviven.

Nacionalismo de Duarte

El nacionalismo de Duarte no se fundaba en el antihaitianismo, sino que enarbolaba el derecho de nuestro pueblo a liberarse de sus cadenas y construir una nación libre e independiente.

Sin embargo, es pertinente apuntar lo que Duarte le expresó a José María Serra en cuanto a que entre los dominicanos y los haitianos no era posible una fusión. Llega a esta conclusión a partir del convencimiento de que ambos pueblos responden a culturas diferentes y que en cada uno de ellos existe un espíritu peculiar.

La Trinitaria

El 16 de julio de 1838, Duarte y un reducido grupo de patriotas comprometidos fundaron la sociedad secreta La Trinitaria, la cual se convirtió en el principal centro de irradiación de las ideas separatistas y de la alianza con el sector haitiano nucleado en La Reforma, que perseguía el derrocamiento de Jean Pierre Boyer, lo que lograron en 1843.

Los Trinitarios vieron en la caída de Boyer la consumación de su anhelo, por lo que Duarte dispuso organizar juntas de gobierno. Sin embargo, el líder reformista Charles Hérard la emprendió contra sus aliados Trinitarios. Esto obligó a Duarte a salir de la isla, impidiendo su presencia en la proclamación de la independencia el 27 de febrero.

El patricio retornó al país el 15 de marzo de 1844 y de inmediato se incorporó al proceso de consolidación del naciente Estado con el cargo de general del Ejército. Se trasladó al sur a enfrentar a los haitianos, para lo que recibió un presupuesto, sobre cuyo uso presentó una rendición de cuentas que es ejemplo de transparencia en la administración pública.

El conservadurismo

Pronto, él y otros trinitarios fueron víctimas del conservadurismo, encarnado en la iglesia católica, la que mediante Carta Pastoral del 24 de julio los excomulgó, y en Pedro Santana, amparado en dicha Carta, emitió la Resolución No. 17 del 22 del mismo mes declarándolos traidores a la Patria y ordenó su destierro.

El 2 de septiembre de 1844, Duarte ingresó enfermo a prisión. El 10 de ese mes fue deportado a Hamburgo, Alemania. Veinte años más tarde retornó a la Isla para participar de la gesta restauradora, pero se le asignó la «misión» de recaudar recursos en el extranjero para la causa. Murió en Venezuela el 15 de julio de 1876 y sus restos trasladados al país en 1884.

*Por TEODORO VIOLA
Catedrático de la UASD, periodista y abogado.

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