Ropa buena, bonita y barata: el atractivo de la paca en tiempos de crisis
Entre ofertas, marcas inesperadas y precios accesibles, una alternativa económica frente al alto costo de la ropa
Santo Domingo.– En pasillos estrechos, entre cajas repletas y percheros abarrotados, decenas de personas escudriñan prendas con paciencia casi quirúrgica. Es el “buceo”, como le llaman los clientes habituales a la búsqueda de ropa de paca, una práctica que ha ganado fuerza en los últimos años como respuesta al encarecimiento del vestuario en tiendas tradicionales.
Aquí no hay vitrinas elegantes ni maniquíes, pero sí una promesa clara: vestir bien por mucho menos dinero.
Elsa García, comerciante dedicada a la venta de ropa de paca, explica que este tipo de negocio cumple una función social importante. “Funciona como alternativa para los que verdaderamente les gusta el buen vestir y no tienen el recurso de ir a tiendas de marcas costosas”, indica.

Según detalla, este modelo permite a los clientes acceder a prendas de calidad, muchas veces de marcas internacionales, a una fracción del precio original. “Tienen opciones de, por poco dinero, poder vestir a la moda y con ropa de calidad”, añade.
Karen lo tiene claro. Aunque no visita con frecuencia estos espacios, cuando lo hace, sabe que debe aprovechar. “Yo casi no vengo, pero cuando vengo gasto 2,000 o 1,500 pesos, dependiendo”, comenta. Su estrategia es sencilla: esperar las ofertas. “Cuando están a tres por 100, me llevo seis o siete piezas, combinadas”.
Como muchos otros compradores, Karen no solo busca cantidad, sino calidad. En su experiencia, la paca puede sorprender. “Claro que sí, he encontrado ropa de marca. Los jeans, especialmente para trabajar, están muy buenos”, afirma mientras revisa otra fila de pantalones.
Juana Guillén Tavares describe una dinámica de consumo más amplia. “Cada vez que venimos gastamos 3,000 o 4,000 pesos”, explica. Para ella, la visita a la paca suele ser planificada y en familia, aprovechando cada viaje para abastecerse de ropa variada. Aunque reconoce que no siempre aparecen marcas reconocidas, mantiene la expectativa. “A veces he tenido la suerte”, dice.
En estos espacios, la experiencia de compra también se mezcla con la incertidumbre. No hay garantías de encontrar exactamente lo que se busca, pero sí la posibilidad de hallar piezas únicas a precios mínimos. Esa combinación es parte del atractivo.

Yennifer Rosario, de 28 años, madre a tiempo completo, cuenta que suele gastar mil pesos o menos cada vez que compra. Explica que, con paciencia, puede encontrar prendas incluso más baratas. Entre sus compras habituales menciona “mom jeans, tops y trajes de baño”, piezas que combina para su uso diario.
Asimismo, expresa que la ropa de su hijo también proviene de la paca. “Le hago los mejores outfit con ropa de aquí”, afirma.
Madres encuentran en la paca una solución económica para vestir a sus hijos
Para madres como Samaria, la paca es más que una opción: es una necesidad. Vestir a su hijo con ropa asequible se ha convertido en una práctica habitual. “Depende de donde yo compre, pero aquí a veces están a 30 o a 50 pesos… me voy a dar 500 pesos”, comenta.
Su testimonio refleja una realidad económica que enfrentan muchos hogares. “Para mí significa mucho, porque a veces uno no tiene para irse a cosas que cuestan más”, expresa. Aun así, destaca que incluso en ese contexto ha logrado encontrar ropa de marca para su hijo. “Sí, en las búsquedas aparecen”, agrega.
La percepción social sobre la ropa de paca también ha cambiado. Lo que antes podía asociarse exclusivamente con necesidad, hoy se mezcla con una visión más práctica e incluso estratégica del consumo.
José Valentín Villán lo resume desde su experiencia como cliente habitual. “Sí, he venido aquí frecuentemente. Los precios son muy buenos y las instalaciones también”, señala. Pero más allá del ahorro, destaca el resultado final: la apariencia. “Cuando me pongo buenos zapatos y una buena camisa, nadie piensa que son de aquí”, afirma.
Esa idea de “vestir bien sin que se note” es clave en la popularidad de estos espacios. La ropa deja de ser vista como usada y pasa a ser percibida como una oportunidad.
El auge de la ropa de paca también se vincula a tendencias globales como el consumo responsable y la reutilización de prendas, aunque en el contexto local su principal motor sigue siendo económico.
Mientras algunos buscan ahorrar, otros encuentran en estos espacios una forma de estirar el presupuesto familiar sin renunciar a la apariencia. Entre ofertas de “tres por 100” o piezas desde 30 pesos, la paca se convierte en un punto de encuentro donde convergen necesidad, oportunidad y estilo.
Vestir bien ya no depende únicamente del dinero disponible, sino de la habilidad para buscar, elegir y aprovechar ofertas.
