Lo que hoy se considera una prueba puede ser muy diferente de lo que era hace apenas unos años. Las capturas de pantalla, que suelen utilizarse como registro práctico de un pago, un mensaje o una conversación en línea, son difíciles de aceptar sin cuestionamientos.
Aunque desde ESET, compañía de detección proactiva de amenazas, advierten que estas siempre han podido manipularse y que la IA generativa y otras herramientas disponibles han hecho que crear falsificaciones convincentes sea más rápido y sencillo que nunca. “Una captura de pantalla puede parecer convincente, pero desde eso no significa necesariamente que el pago, la reserva o la conversación sean auténticos.
Esta realidad representa una mala noticia para los consumidores, que ya enfrentan un aumento masivo del fraude digital, y también para las organizaciones expuestas a riesgos financieros, regulatorios y reputacionales.
A medida que las evidencias digitales se vuelven más fáciles de falsificar, tanto las personas como las empresas deben replantearse qué aceptan como prueba”, advierte Mario Micucci, investigador de seguridad informática de ESET Latinoamérica. Una captura de pantalla puede aportar contexto útil, pero no proporciona información confiable acerca de quién la creó ni de si la transacción.
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