El 64.8 % de los adultos dominicanos tenía una cuenta financiera o móvil en 2024 y redujo a menos de cinco puntos porcentuales la brecha de inclusión financiera frente al promedio de América Latina y el Caribe.
En 2021, el 51.3 % de los adultos en República Dominicana tenía una cuenta financiera o móvil, frente al 67.1 % de la región. Tres años después, el indicador dominicano alcanzó el 64.8 %, mientras el promedio regional se situó en 69.7 %, según datos del Global Findex 2025 del Banco Mundial.
El avance está acompañado por una mayor utilización de herramientas digitales. Datos de la Superintendencia de Bancos, a partir de los resultados del Global Findex 2025, indican que el 53 % de los adultos dominicanos utiliza medios electrónicos para realizar pagos y el 76 % posee un teléfono inteligente.
Esta transformación plantea un nuevo desafío para las instituciones financieras: además de incorporar más personas al sistema, necesitan comprender cómo utilizan los servicios y qué información generan sus operaciones cotidianas.
“Antes la relación con el banco giraba principalmente alrededor de guardar dinero, ahorrar o buscar financiamiento. Hoy las personas quieren pagar, transferir, recibir dinero y resolver sus necesidades de manera inmediata”, explica Pablo Pereyra Portugal, Chief Revenue Officer de 2innovate.
Más pagos digitales
Durante 2024, el 52.5 % de los adultos dominicanos realizó o recibió un pago digital, frente al 59.4 % registrado en América Latina y el Caribe.
Aunque todavía existe una diferencia, el crecimiento dominicano ha sido significativo: en 2021 este indicador se encontraba en 38.7 %.
La expansión de pagos digitales, transferencias, billeteras y otros servicios genera a su vez grandes cantidades de información sobre la manera en que los usuarios administran y movilizan su dinero.
“Las transacciones permiten entender qué está haciendo realmente el cliente, qué servicios utiliza y cómo podemos ofrecerle una mejor experiencia”, señala Pereyra.
Cada pago, transferencia, remesa o depósito de nómina puede aportar información sobre los canales utilizados, hábitos financieros y posibles dificultades experimentadas por los clientes.
El desafío para las entidades consiste en integrar esos datos, que pueden encontrarse dispersos entre tarjetas, aplicaciones, transferencias y diferentes sistemas, y convertirlos en información útil para la toma de decisiones.
Datos e inteligencia
Pereyra considera que una transacción ya no debe observarse exclusivamente como una operación que necesita ser procesada.
“También puede ayudar a entender qué canales funcionan mejor, dónde un cliente encuentra dificultades o qué servicios realmente utiliza. El desafío es convertir toda esa información en decisiones útiles”, sostiene.
En este ámbito trabaja 2innovate, empresa tecnológica con operaciones en 13 países que desarrolló FrameIQ, una herramienta integrada a su plataforma Frame Banking para reunir e interpretar información procedente de diferentes canales, productos y sistemas de pago.
La inteligencia artificial podría ampliar estas capacidades, aunque Pereyra advierte que su aprovechamiento depende de la calidad de los datos y de tener objetivos claramente definidos.
“El punto no es utilizar inteligencia artificial porque está de moda. La pregunta es cómo utilizarla de forma eficiente para mejorar la experiencia y tomar mejores decisiones, manteniendo siempre la seguridad y el cumplimiento regulatorio”, afirma.
El crecimiento de la inclusión financiera coloca así a República Dominicana ante una nueva etapa: después de ampliar el acceso, el desafío será aprovechar mejor las millones de interacciones que producen diariamente los usuarios de servicios financieros.