República Dominicana, el país que no protege a sus ancianos

Ancianos
Los dominicanos sufren desprotección al llegar a edades avanzadas.

En días pasados conversaba con mi doctora Nelly Mercedes Luna Espinal, de Cedimat, sobre la desprotección existente en nuestro país para las personas, luego de llegar a una edad avanzada. Es increíble como el sistema que impera sólo se enfoca en ser perjudicial para los más necesitados.

Nunca he entendido y no entenderé la decisión que se da cuando un empleado se enferma, que inmediatamente recibe un recorte salarial, una etapa en la que más dinero se necesita.

Si usted sufre una enfermedad ambulatoria su salario se le recorta a un 60% y si es internado recibe menos, un 40%. Esa parte la regulan el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS), el Seguro Familiar de Salud (SFS) y la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril). El miércoles pasado, la Cámara de Diputados aprobó, en primera lectura, el proyecto de ley que modifica el actual Código de Trabajo, que hace tiempo cayó en la “obsolescencia”.

Ojalá que la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados a la Seguridad Social (DIDA) ponga atención a este requerimiento y en las próximas revisiones que harán los legisladores se incluya un arreglo de esta situación, que es indignante, porque es una injusticia que en el momento en el que un empleado necesita más dinero, se le erogue menos.

De igual modo, es inexplicable que cuando llegamos a las edades de baja producción, lo primero que hacen las Administradoras de Riegos de Salud (ARS) es reducirnos las coberturas médicas, cuando más las necesitamos. Los seguros médicos marginan a los pensionados, quienes no tienen los mismos beneficios que los activos.

Otro manejo sin razón sucede con las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), cuales cuando el empleado deja de ser productivos, les entregan en porcentajes sus recursos ecónomicos acumulados muy por debajo del salario que tenían mientras estaban activos.

En realidad, estamos en el país de los ‘absurdos’ y, lo peor es, que no existe ni la más mínima esperanza de que se corregirán.

Sobre el autor

Juan Mercado