Redes: entre informar y entretener

editorial

La explosión de las redes sociales y de las plataformas digitales ha democratizado la comunicación como nunca antes en la historia.

Ese fenómeno tiene enormes aspectos positivos. Ha ampliado la libertad de expresión y ha roto monopolios informativos. Pero también ha generado una creciente confusión entre informar y entretener.
Y esa confusión comienza a producir consecuencias sociales cada vez más graves.

Históricamente los medios de comunicación han cumplido ambas funciones. No hay nada nuevo en eso. El problema surge cuando desaparecen las fronteras entre ambos roles y el público deja de distinguir cuándo está consumiendo información verificada y cuándo simplemente está siendo entretenido emocionalmente.

Hoy gran parte del contenido digital se mueve no por su calidad informativa, sino por su capacidad de generar reacciones emocionales inmediatas tales como indignación, morbo, miedo, rabia, escándalo o diversión.
En ese escenario mucha gente ha terminado confundiendo popularidad con credibilidad, ruido con periodismo y espectáculo con información.

Se ha ido debilitando la diferencia esencial entre informar y entretener.
Informar implica verificar datos, contrastar versiones, contextualizar hechos y asumir consecuencias éticas sobre lo que se publica. El periodismo no consiste simplemente en hablar primero, sino en procurar informar con el mayor rigor posible.

El entretenimiento funciona bajo otra lógica. Su objetivo principal es captar atención, generar emociones y mantener audiencia. No necesariamente busca construir criterio ciudadano ni ofrecer herramientas para tomar decisiones racionales.

El problema surge cuando la audiencia pierde capacidad para distinguir qué contenido busca informar y cuál simplemente procura entretener, provocar o manipular emocionalmente.
La sociedad necesita recuperar esa diferencia para saber distinguir cuándo se informa y cuándo se entretiene.

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El Día

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