Recordando a Euclides Morillo

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Los últimos mohicanos de los catorce combatientes del frente guerrillero “Hermanas Mirabal”, durante la insurrección de noviembre de 1963, son cuatro: Abel Rodríguez del Orbe, Aquiles Reynoso Paulino, Juan Antigua Javier y Rafael Chaljub Mejía, quienes, al conmemorarse el pasado 19 sesenta y un años de la muerte heroica de Euclides Morillo, espontáneamente estuvimos intercambiando recuerdos y anécdotas vividas junto a ese entrañable compañero de armas. El también guerrillero Rafa Pérez se integró al intercambio e hizo sus interesantes aportes. Como siempre, José Rafael.

Mis recuerdos de Euclides son muy gratos. Lo conocí en los días previos al inicio del levantamiento armado, un joven obrero, espigado, cubierta su cabeza por un pelo negro y ondulado, algo ovalada, un tanto hundida en las sienes, usaba unos soportes ortopédicos porque tenía los pies planos, pese a lo cual reflejaba una gran resistencia física. Con habilidad se desplazaba en el monte sin hacer ruido, parecía un gato moviéndose entre las hojas. Tenía entrenamiento militar y se empeñaba en transmitir sus conocimientos a sus compañeros de armas.

De trato suave y persuasivo, era uno de los principales mandos de nuestro frente, sin que se advirtiera en él esfuerzo alguno por sobresalir. Tras la captura, fuimos compañeros de celda en La Victoria, donde Euclides mantuvo la firmeza, la serenidad y la misma valentía con que enfrentó los avatares de la lucha, hasta caer gallardamente, como un guerrero, junto al coronel Rafael Fernández Domínguez, Juan Miguel Román y otros combatientes gloriosos en el intento de asalto al Palacio Nacional el 19 de mayo de 1965.

Dice Juanito, con razón, que no nos olvidemos de Reyes Saldaña, campesino nativo de Laguna de Coto, San Francisco de Macorís, guía de nuestro frente guerrillero, de cualidades revolucionarias y humanas excepcionales, mártir de la dictadura balaguerista de los doce años, digno de recordarse siempre; lo mismo debemos hacer con otros compañeros que ya no están, los diez de nuestro frente que ya emprendieron el viaje sin regreso, los combatientes que se fueron durante o después de la insurrección, los hermanos de armas de otros frentes y, todos los compañeros revolucionarios muertos.

Y, perdón por el ego, con los que, sesenta y tres años después, con su octogenaria carga de años, siguen firmes en los ideales que nos enseñó Manolo. ¡Honor y gloria a nuestro Euclides inolvidable! ¡Salud: queridos Juanito, Aquilito, Abel, y a todos los antiguos guerrilleros sobrevivientes !

Sobre el autor

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.