Reclusos y esclavos son constructores
No fue una decisión difícil para Chiquinho, un ladrón de banco convicto: pasarse el día en su celda o ganarse dinero trabajando al sol, ayudando a construir un estadio para la Copa del Mundo de fútbol a jugarse en Brasil en 2014.
Nivaldo Inacio da Silva, quien estaba siendo explotado en un trabajo en el que se lo trataba como esclavo, decidió no recoger algodón por dos dólares al día y aceptar ocho veces más como albañil en otro estadio de la Copa del Mundo.
Los dos aprovechan para trabajar en los preparativos del torneo, cuyos organizadores son acusados de incurrir en gastos excesivos y malversar fondos.
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