¿Qué pasó con los 33 mineros atrapados hace un año?

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SANTIAGO DE CHILE.-Uno de los mitos sobre los 33 mineros que sobrevivieron durante 69 días a 700 metros de profundidad y a altas temperaturas, es que son millonarios y no necesitan trabajar. Pero eso es sólo un mito.

Las 700 toneladas de roca que hace un año cayeron sobre sus cabezas en la mina San José, en pleno desierto de Atacama, implicó un monumental reto vital y personal que sólo pocos pudieron aprovechar.

A la gran mayoría de los mineros se le acabó el dinero que recibieron de diversas fuentes, 15 no tienen trabajo, siete dictan charlas motivacionales, tres venden frutas y verduras en la calle, dos tienen pequeños negocios de abarrotes y los cuatro restantes volvieron a trabajar en distintas minas.

No todos los mineros se reunirán ni estarán presentes el viernes 5 cuando se cumpla un año del aniversario del accidente y se celebren actos conmemorativos en la mina.

Varios están resentidos porque algunos supieron aprovechar los 15 minutos de fama mejor que otros. Pero todos tienen la esperanza de que el viernes el gobierno anuncie que les otorgará una pensión de gracia, que es vitalicia, y que podría bordear los 430 dólares mensuales. La mayoría de ellos no puede volver a hacer lo único que saben hacer porque los 69 días de encierro crearon secuelas sicológicas de las que no se han podido recuperar.

De hecho, casi la mitad del grupo ya no tiene edad para volver a buscar trabajo. Recién rescatados, en octubre del año pasado, el excéntrico millonario Leonardo Farkas regaló a cada minero unos 11.000 dólares y una motocicleta. Dos recibieron 11.000 dólares extra: uno porque su bebé nació cuando estaba atrapado y otro porque prefirió ir a la cena que el filántropo organizó para el grupo en vez de asistir al nacimiento de su hijo.

El minero Omar Reygadas dijo a The Associated Press (AP), que ahora se dedica a dar charlas motivacionales a otros trabajadores "para mostrar cómo es el trabajo en equipo, la fuerza y la fe, mucha fe". Dijo que al salir de la mina desarrolló miedo a la oscuridad, a estar solo, y que tenía pesadillas recurrentes en las que soñaba estar atrapado nuevamente en la mina. Ahora, las pesadillas son más espaciadas pero le molestan los espacios cerrados. "Trato de leer, cansarme para dormir bien", dijo.

"Estar solo en un lugar cerrado todavía es angustioso, tengo que salir a buscar con quien conversar o distraerme en algo". Reygadas no tiene trabajo, no puede volver a una mina, tiene 56 años, y como fue dado de alta por el organismo de salud que lo tuvo a su cargo, dejó de recibir salario.

Treinta y un mineros demandaron colectivamente por 17 millones de dólares, por negligencia del estado en el cuidado de la mina. Dos más lo hicieron por su cuenta. Luis Urzúa, jefe de turno y uno de los líderes del grupo cuando estaban atrapados, dijo a la AP que el año "ha sido de dulce y agraz".

Ha viajado, conocido gente, pero se mostró dolido por las críticas de la gente por la interposición de la demanda. Cecilia Cruz, un ama de casa, dijo a la AP que "los mineros son unos desagradecidos, después de toda la plata que el gobierno gastó para rescatarlos".

En la acción judicial, los trabajadores argumentan que la estatal Servicio Nacional de Minería y Geología no cumplió con su deber de supervisar las actividades y seguridad de la mina.

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