¿Qué nos  deja 2010?

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Hoy culmina el año 2010.

¿Cómo lo recordarán los dominicanos?

Cada cual desde su óptica hará una evaluación, la mayoría llevada de manos por intereses, en especial políticos y económicos.

Hubiese sido interesante que dedicara este espacio a resaltar los logros en el sector deportes, pero los mismos fueron limitados por razones obvias, por lo que hay que analizarlo desde una visión más abierta, que envuelva toda la problemática nacional.

Por eso, de este 2010 no pueden pensar de la misma manera el que se pasó 365 días ‘chupando’ sin control de la “teta” de la vaca nacional, que aquel que confrontó más trabajo que un forro viejo de catre.

No es igual para los pocos que usufructuaron recursos hasta más no poder, sin control alguno, que para quien se pasó todo ese periodo buscando un “empleíto” de subsistencia, o mejor dicho de “mala muerte”, que nunca apareció ni por asomo.

Estos 365 días fueron diametralmente opuestos para los funcionarios que construyeron casas campestres multimillonarias, que los que no pudieron conseguir dos blocks o un par de hojas de zinc para su rancho en los barrios improvisados de solares invadidos, cargados de una miseria que espanta.

Serán diferentes para los que se encaramaron en el famoso crecimiento de un 7.5% de la economía y que no ha sido percibido por la mayoría que observa esos números solo en la prensa, porque nunca han probado ni por asomo el incremento en el empleo, en la educación, la salud, la alimentación, entre otros renglones básicos ausentes por completo para la inmensa mayoría de los dominicanos.

El año 2010 no será lo mismo para los familiares de quienes cayeron producto de la próspera industria del sicariato que se ha apoderado la sociedad.

No será igual para las futuras generaciones en términos generales, que no obtuvieron que se consignara en el Presupuesto, definitivamente, el 4% del Producto Interno Bruto para dedicarlo a la educación.

Y en este caso parece que se impuso el criterio de que un pueblo sin educación es como una manada fácil de controlar, aunque a veces se olvida que también las manadas se convierten en incontrolables y arrasan todo lo que encuentran a su paso. ¡Mucho, pero mucho cuidado!

Lamentablemente, lo sucedido en 2010 ya no lo despinta ni “mariquita con su escobita”, pero debe servir para que los dominicanos tomen conciencia de que hay que mantener una lucha abierta y constante para que las cosas mejoren; que todos tienen el mismo derecho de mejorar sus condiciones.

Aunque, dolorosamente, hay que admitir que son esas mismas masas irredentas las culpables de la mayoría de sus males, al no saber defender sus derechos inalieanables.

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