Puntos divergentes sobre la lucha contra la pobreza

Economista Tomás D. Guzmán Hernández
Economista Tomás D. Guzmán Hernández

A todos, sin distinción de clase social, nos preocupa el tema de la pobreza. No solo a los gobiernos, que son temporales y cambian cada cuatro años, sino también a la sociedad en su conjunto. La pobreza es mucho más que un simple número o una estadística que sube y baja dependiendo de las políticas públicas destinadas a reducirla. Se convierte en un indicador de los avances o retrocesos del crecimiento económico y, aún más, de la distribución de la riqueza, uno de los mayores desafíos de los hacedores de políticas económicas y sociales.

Desde tiempos inmemoriales, los economistas hemos procurado que tanto el crecimiento como el bienestar se reflejen en la sociedad. En países como la República Dominicana, donde las estadísticas del Banco Central muestran incrementos sostenidos del Producto Interno Bruto (PIB), muchos entendemos que es necesario ir más allá de esta métrica tradicional.

En efecto, para medir los verdaderos avances en la lucha contra la pobreza se requiere observar indicadores más amplios y completos, como el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), el cual evalúa carencias simultáneas en educación, salud y nivel de vida del hogar, incluyendo vivienda, acceso al agua potable, electricidad y conectividad digital. Este indicador trasciende el ingreso monetario y refleja tanto la incidencia de la pobreza —quiénes son pobres— como su intensidad —cuántas privaciones padecen—.

El IPM Global 2025 estima que alrededor de 1,100 millones de personas viven en condiciones de pobreza aguda. Este instrumento es utilizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para evaluar el desarrollo humano y social de los países.

En la República Dominicana, aunque el IPM oficial correspondiente a 2025 aún no ha sido divulgado ampliamente, los indicadores sociales recientes muestran avances importantes. La pobreza monetaria general descendió a cerca de un 18 % durante el primer trimestre de 2025 y, según datos oficiales, podría cerrar el año alrededor de un 17.3 %, el nivel más bajo de la última década, de acuerdo con cifras de la Oficina Nacional de Estadística (ONE). Para este 2026 se redujo a 15.4% durante el primer trimestre. No obstante, el indicador multidimensional aún se encuentra en proceso de construcción y consolidación metodológica.

Otro indicador fundamental utilizado por la ONU para evaluar el progreso económico y social es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Asimismo, la ONU complementa sus análisis mediante el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

El IDH mide el progreso de un país más allá del crecimiento económico, tomando en consideración tres dimensiones esenciales:

•Salud, medida a través de la esperanza de vida al nacer.

•Educación, evaluada mediante los años promedio y esperados de escolaridad.

•Ingreso, calculado a partir del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita ajustado al poder adquisitivo.

En el caso de la República Dominicana, el IDH para 2025 se sitúa en 0.776, ubicando al país en la posición 89 de 193 naciones evaluadas y manteniéndolo dentro de la categoría de desarrollo humano alto.

Sin embargo, uno de los mayores problemas dentro de la pirámide de ingresos continúa siendo el deterioro del poder adquisitivo de los hogares. Este fenómeno puede observarse mediante el Índice de Precios al Consumidor (IPC), elaborado por el Banco Central, así como por el comportamiento de la canasta básica familiar.

El Banco Central divide los hogares dominicanos en cinco quintiles de ingreso:

• Quintil 1 (Q1): hogares de menores ingresos.

• Quintil 2 (Q2): ingresos bajos-medios.

• Quintil 3 (Q3): ingresos medios.

• Quintil 4 (Q4): ingresos medios-altos.

• Quintil 5 (Q5): hogares de mayores ingresos.

Cada quintil representa aproximadamente el 20 % de los hogares del país.

Los resultados del IPC en 2025 reflejan que los hogares pobres sintieron una mayor presión en alimentos y transporte. Aunque los quintiles de mayores ingresos registraron aumentos absolutos más elevados en términos monetarios, los hogares de menores ingresos experimentaron un impacto proporcionalmente más severo respecto a sus ingresos disponibles.

En República Dominicana, el costo de la canasta básica familiar nacional ronda los RD$49,000, aproximándose a este umbral tras registrar aumentos sostenidos. Al inicio del primer trimestre de 2026, los costos oscilaron entre RD$29,350 y más de RD$51,950, dependiendo del nivel de ingresos del hogar.

La interpretación económica de estos datos demuestra que la inflación no afecta de igual manera a todos los sectores sociales. Los hogares de menores ingresos destinan una proporción mucho mayor de su presupuesto a bienes esenciales, especialmente alimentos básicos. Por ello, las variaciones en combustibles, transporte y productos alimenticios generan un impacto social mucho más fuerte en los quintiles Q1 y Q2.

A esto se suma un desafío estructural persistente: la brecha entre salarios y costo de la canasta básica. Las dificultades de la población pobre se reflejan en ingresos que no logran cubrir adecuadamente las necesidades fundamentales del hogar.

En este contexto adquiere gran relevancia la Comisión para la Medición del Rendimiento Económico y el Progreso Social, creada por el gobierno francés y dirigida por los premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz (2001) y Amartya Kumar Sen (1998). Esta comisión, establecida en 2008, cuestionó si el Producto Interno Bruto (PIB) era suficiente para medir el bienestar y el progreso real de las sociedades.

El informe final de la comisión, publicado en 2009, marcó un cambio trascendental en la manera de evaluar el desarrollo económico y social. Sus principales conclusiones señalaron que el PIB mide la producción económica, pero no refleja plenamente aspectos esenciales como:

• La calidad de vida.

• La distribución del ingreso.

• La sostenibilidad ambiental.

• La salud y la educación de la población.

• El trabajo doméstico no remunerado.

• La seguridad económica y social.

De esta manera, un país puede exhibir un PIB elevado y, al mismo tiempo, enfrentar altos niveles de desigualdad, pobreza y deterioro ambiental. En conclusión, la lucha contra la pobreza no puede evaluarse únicamente a través del crecimiento económico. Es indispensable utilizar un conjunto amplio de indicadores que permitan apreciar de manera integral los avances y retrocesos de una economía y, sobre todo, el bienestar real de la población. Basarse exclusivamente en el crecimiento del PIB constituye una visión limitada y, en muchos casos, errónea.

Sobre el autor

Tomás Guzmán Hernández

Economista y contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con maestrías en Administración Pública (PUCMM), Manejo Sostenible del Agua (PUCMM), Contabilidad Tributaria (UASD) y Riesgo de Desastres y Gobernanza del Cambio Climático (Universidad Alfonso X el Sabio (UAX) Madrid, España)