Predicador murió por no dejarse inyectar antídoto
El predicador estadounidense, Jamie Coots, acostumbraba a manejar serpientes durante sus sermones, convencido de que estos reptiles tenían un efecto sanador.
Tal era su fe que tras una picadura, los médicos insistieron en que la situación era muy grave y que debían inyectarle el antídoto que combatiese el efecto del veneno en su cuerpo.
Pese a insistirle una y otra vez, Coots mantuvo que su fe le salvaría, pero murió
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