Vivir cerca del mar, de un río o de un lago no solo representa un privilegio paisajístico, sino también un beneficio comprobado para la salud. Diversas investigaciones científicas coinciden en que la proximidad a entornos acuáticos tiene un impacto positivo y duradero tanto en el cuerpo como en la mente. Este fenómeno despierta un creciente interés entre científicos, profesionales de la salud y urbanistas de todo el mundo.
La relación entre el ser humano y el agua es ancestral. A lo largo de la historia, las personas han buscado en la naturaleza un espacio de equilibrio y bienestar. Hoy, la ciencia respalda esa intuición y confirma que la exposición frecuente a paisajes acuáticos promueve la tranquilidad, estimula la creatividad y mejora la calidad de vida cotidiana.
El mar, los ríos y los lagos se han consolidado como espacios clave para el descanso, la reflexión y el desarrollo personal. Especialistas en salud mental y neurociencia coinciden en que el contacto habitual con el agua genera efectos positivos sostenidos en el bienestar emocional y físico.
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La ciencia detrás del bienestar que genera el agua
Investigaciones citadas por el medio O Globo hacen referencia al concepto de “Blue Mind”, desarrollado por el biólogo marino Wallace J. Nichols. Esta teoría describe un estado mental caracterizado por la calma, la claridad y el bienestar que se activa al estar cerca del agua, en contraposición al llamado “Red Mind”, asociado al estrés, la hiperestimulación y la vida urbana acelerada.
Nichols sostiene que la atracción humana hacia el agua se explica por la biofilia marina, una predisposición evolutiva que lleva a las personas a sentirse seguras y satisfechas en entornos acuáticos. Según el especialista, el cerebro humano asocia el agua con condiciones favorables para la supervivencia, lo que genera una respuesta automática de relajación.
El autor también recuerda que el cuerpo humano está compuesto en aproximadamente un 70 % por agua, lo que refuerza este vínculo biológico. Escuchar el sonido del mar, observar un río o simplemente estar cerca de un lago activa señales cerebrales que inducen a la calma y facilitan la introspección.
Efectos comprobados en el cerebro y el cuerpo
Desde la neurociencia, Nichols explica que los entornos acuáticos estimulan la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar, como la dopamina, la serotonina y la oxitocina, mientras reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Esta respuesta se activa tanto por el contacto directo con el agua como por la simple observación o escucha de su movimiento.

La psicóloga Mariana Kerestezachi, residente en Miami, coincide con estos hallazgos y destaca que la ciencia ha validado el uso terapéutico del agua para mejorar la salud mental. Por ello, muchos profesionales recomiendan actividades acuáticas a personas con ansiedad, depresión o altos niveles de estrés.
Kerestezachi recuerda que, durante su experiencia profesional en Argentina, trabajó con un psiquiatra que sugería a sus pacientes nadar al menos tres veces por semana. Según relata, numerosos pacientes experimentaron mejoras notables en su estado de ánimo y en su bienestar general tras incorporar esta práctica a su rutina.
El agua como herramienta terapéutica
Nichols subraya que la cercanía al agua facilita la desconexión de las preocupaciones cotidianas. El entorno acuático atenúa el ruido externo, reduce la sobrecarga sensorial y favorece estados de atención plena y creatividad.
En la misma línea, el neurocientífico Ricardo Gil da Costa, director ejecutivo de Neuroverse, explica que el agua tiene un efecto calmante sobre la mente y ayuda a reducir la carga emocional asociada al estrés diario. Este proceso favorece la recuperación mental y contribuye al equilibrio emocional.

Kerestezachi concluye que la ciencia confirma lo que muchas personas experimentan de forma intuitiva: el agua tiene un poder transformador. Vivir cerca de entornos acuáticos puede facilitar la regulación emocional y mejorar de manera tangible la calidad de vida.
Un recurso clave para la vida moderna
El concepto de Blue Mind adquiere especial relevancia en un contexto marcado por el estrés crónico y el ritmo acelerado de la vida urbana. Expertos señalan que integrar espacios acuáticos en las ciudades podría convertirse en una estrategia eficaz para promover la salud pública y prevenir trastornos vinculados al estrés.
Ciudades costeras y comunidades cercanas a ríos o lagos ya observan los beneficios de esta conexión natural. Cada vez más autoridades sanitarias recomiendan aprovechar estos recursos como parte de un enfoque integral del bienestar.
La ciencia y la experiencia coinciden: vivir cerca del agua no solo embellece el entorno, sino que ofrece una oportunidad real para reducir el estrés, potenciar la creatividad y fortalecer la salud física y mental. Un vínculo ancestral que hoy cobra un nuevo significado a la luz de la evidencia científica.