Por qué Juan Bosch

Matías Bosch
Matías Bosch Carcuro, activista e investigador. Fuente externa

Porque apenas pudo tener educación escolar y, cuando tuvo quince años, tuvo que salir a trabajar a la capital, igual que cualquier joven que trabaja y duerme hoy en día en un colmado, y luego salir a otros países, donde descargó camiones y durmió en parques públicos, y eso fue un orgullo en su vida, como el orgullo por su padre albañil y los campesinos y campesinas que vio de niño. Por eso no usó banda presidencial ni placa 01, pero tampoco admitió una sola falta de respeto a él ni al pueblo. Como él mismo dijo en 1976: “lo que yo acabe siendo en la vida, lo que yo acabe siendo en esta sociedad, en este pueblo, será el resultado de una lealtad profunda a lo que fue mi padre. Yo no podría traicionar nunca al albañil que se llamaba Pepe Bosch"

Porque cuando empezó a escribir pudo dedicarse al postumismo o al criollismo, y ser cómodo, pero no: puso a los hombres y a las mujeres de abajo en el centro de la literatura, y los volvió protagonistas.

Porque cuando nadie escribía del peón ni del niño oprimido y sus dolores, él los elevó como figuras principales. Porque en 1931, sin poder haber sabido nada de teoría de género, escribió La Mujer y retrató el círculo de la violencia machista…hace casi 100 años.

Porque cuando no había sido publicado ningún escrito sobre la colonialidad, escribió sobre la grandeza de los taínos y dedicó un trabajo a Caonabó llamándolo “primer libertador de América” y de igual forma equiparó a Colón con Hitler.

Porque cuando el régimen de Trujillo le dio un trabajo en la Dirección de Estadísticas y el tirano le avisó que quería hacerlo diputado, pudo otra vez haberse acomodado, pero él ya sabía de la masacre de población haitiana en el Cibao y sabía que aceptar regalos del Jefe era someterse; entonces optó mejor ser desterrado, perseguido y no ver su país ni su familia durante 23 años.

Porque cuando le ofrecieron fundar un partido político y ser su líder, él dijo que no, que mejor Jiménez Grullón, por estirpe familiar, pero se consagró como un soldado, el mismo que en 1947 participó directamente en la expedición de Cayo Confites junto a Juancito Rodríguez y el joven Fidel Castro.

Porque en cualquier país donde llegaba era conocido y reconocido, en el cual haber hecho fama y comodidades, solo juntó persecuciones, carencias y penurias para él y los suyos, incluyendo el asedio a su familia en Santo Domingo, con el único compromiso de terminar con las tiranías en República Dominicana y en toda América.

Porque ganó las elecciones de manera abrumadora apelando a la consciencia y organizando al pueblo. Fue presidente y si se hubiese puesto de acuerdo con la oligarquía, los militares y los yanquis, hubiese durado 100 años. Pero no se sometió, lo derrocaron y desterraron (otra vez) pero no pudieron someterlo ni humillarlo, y luego conspiró para hacer realidad la primera Revolución de civiles y soldados que derrotó al golpismo en América Latina y no pudo ser aplastada por una invasión yanqui.

Solo necesitaba haber dicho que sí a Trujillo, luego a Kennedy y luego a Johnson. Pero a todos les dijo que no, al costo que fuera. Y cuando hubo las primeras elecciones post invasión, le propuso a Caamaño ser el candidato presidencial, porque lo importante no es uno mismo, sino la causa colectiva.

Porque cuando aquella invasión de 1965 le dio en la cara, salió a decir “No voy a morir en la mentira”, y declaró que los marxistas siempre habían tenido razón. Leyó a Marx, a Engels y Lenin, escribió nuevas tesis políticas asumiendo la lucha de clases y la lucha por la autodeterminación de nuestros pueblos como la única perspectiva transformadora. Y dijo que el próximo intento tenía que ser no un matadero electoral más, sino “la revolución del proletariado dominicano”.

Porque en medio de todo eso renunció públicamente a la literatura, adiós a un premio Cervantes, tal vez a un Nóbel, porque lo único importante era “la liberación del pueblo”.

Porque cuando en 1973 vio que el Partido Revolucionario Dominicano se había vuelto una maquinaria corrompida, entregada a la oligarquía y a Washington y a lo que fuera con tal de obtener poder, renunció a ser el seguro próximo presidente y se puso a construir otra cosa.

Porque cuando en 1978 el Partido de la Liberación Dominicana sacó el 1% de los votos, pudo “haber entrado en razón” y aceptar que solo con los tutumpotes y los amos del mundo se podía llegar a algo, pero no. En 1990, 12 años después, demostraba que se podía crear el partido más votado de República Dominicana con una organización seria y pequeña de hombres y mujeres militantes, autofinanciada, sin pagar por un solo voto, sin regalar neveras ni repartir cargos, y sin pactar con ninguno de los partidos que administraban la miseria y la entrega del país. Le dijo que no a Balaguer, a Majluta y al que fuera.

Porque supo que el patriotismo verdadero es el que libera al pueblo trabajador, no el que odia a los humildes de afuera como si la patria fuera una finca privada. En vez de usar el antihaitianismo inhumano y criminal en política, escribió “Luis Pie”, honró a la revolución haitiana describiéndola como la más grande de la Historia mundial, y fue amigo de la lucha del pueblo haitiano para terminar con los Duvalier y construir su democracia.

Porque nunca tocó un peso de la pensión de expresidente para vivir, donaba todo ese dinero. Murió sin ningún título de propiedad. Ninguno de sus hijos tuvo título nobiliario ni heredó rangos. A diferencia de Balaguer no fue “austero”, sino que vivió de forma humilde y de su trabajo, no a costa del pueblo ni mantenido de nadie, no permitió la corrupción ni el crimen, en la presidencia o fuera de ella.

Porque defendió a Allende, a Vietnam, fue compañero de luchas de Cuba y de Fidel, se de Nicaragua, de China y de la URSS, y defendió a Palestina, cuando hacerlo te sepultaba (y te sepulta) en la política de los negociantes, y sin que esa política de solidaridad internacional se volviera nunca en turismo ni pose, ni perdiendo independencia ni copiando recetas.

Y fue un abuelo, un padre, un amigo increíble, que nunca fallaba, que vivía como decía. Exigía a uno decirle “tú” en lugar de “usted”. Compartía sus chocolates. Un hombre tierno, dulce y protector, que no soportaba ni toleraba un abuso, un maltrato, sobre todo cuando era contra las mujeres, los niños, los humildes; fuera quien fuera el que abusaba. Porque doña Carmen impuso contra viento y marea que estuviera en una tumba humilde en La Vega, su pequeña patria añorada, y no en un mausoleo ni ningún lugar de culto a la personalidad.

Por todo eso es admirable y vale la pena decir que es un EJEMPLO, en una política local e internacional en que priman renegados, serviles, entreguistas, politicastros, fantoches y mercaderes. Porque la renuncia y el sacrificio son la medida de la grandeza de un ideal, y el estándar para saber si los principios son una simple consigna o una conducta real.

Por eso, Juan Bosch podría decir aún hoy lo que dijo su maestro Hostos, aquel con cuya obra -dijo Bosch- volvió a nacer: “Dadme la verdad, y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad, destrozareis el mundo, y yo, con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destrozado”.

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