¿Por qué huelen mal los pies? Causas y remedios
El mal olor de pies es un problema frecuente que puede afectar la confianza y el bienestar de quienes lo padecen. Según el Colegio Oficial de Podólogos de Castilla-La Mancha (Madrid), esta condición ocurre cuando el sudor entra en contacto con las bacterias presentes en la piel, generando sustancias como el amonio y los ácidos grasos, responsables del olor desagradable.
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Aunque una higiene adecuada suele ser suficiente para controlar el problema, en algunos casos el mal olor persiste. Esto puede deberse a diversas causas como infecciones por hongos o bacterias, estrés y ansiedad, uso de calzado sintético, alteraciones hormonales o incluso ciertos alimentos como el ajo, la cebolla y el picante.

Las infecciones como el pie de atleta o la bromhidrosis son responsables de olores más intensos y persistentes. El estrés y la ansiedad pueden aumentar la sudoración debido a la liberación de hormonas que activan las glándulas sudoríparas. Además, el uso de calzado de materiales sintéticos impide la correcta transpiración, generando un ambiente húmedo propicio para la proliferación bacteriana.
La alimentación también juega un papel en la sudoración y el olor de los pies. El consumo de alimentos como el ajo, la cebolla y la cafeína puede intensificar el problema. Asimismo, los cambios hormonales, como los que ocurren en la adolescencia o durante el embarazo, pueden provocar un aumento en la sudoración y, por ende, en el mal olor.

Para evitar el mal olor de pies, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda mantener una higiene estricta. Es fundamental lavar los pies a diario con agua y jabón, asegurándose de secarlos completamente, especialmente entre los dedos. La humedad es el ambiente ideal para el crecimiento de bacterias y hongos.

El uso de calcetines de algodón o materiales transpirables es esencial para permitir la ventilación de los pies. También se recomienda utilizar calzado de materiales naturales como el cuero y evitar el uso prolongado de zapatos cerrados sin ventilación. Aplicar polvos antifúngicos o desodorantes específicos puede ayudar a reducir la humedad y prevenir el mal olor.
Si el problema persiste a pesar de mantener una buena higiene, es recomendable acudir a un podólogo para una evaluación más detallada. En algunos casos, puede ser necesario un tratamiento específico para controlar la sudoración excesiva o tratar infecciones subyacentes que contribuyen al mal olor.
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