¿Por qué el Día del Padre no se celebra como el de las madres?

El periodista Ricardo Vega
Ricardo Vega

Los progenitores de Antonio se casaron muy jóvenes. La madre apenas tenía l7 años y el padre 20. Y antes del hijo llegar a los 6 años se separaron, principalmente debido a la conducta del papá que siguió comportándose como un adolescente.

A pesar de que el padre de Antonio lo visitaba ocasionalmente, no dedicaba el tiempo suficiente a asumir el rol al que había renunciado. La madre soltera soltera se echó la crianza sobre sus hombros.

Así creció Antonio y el Día del Padre pasaba como cualquier otro, con un papá no siempre identificado constantemente, atento o interesado en los sueños y proyectos del hijo. Prefiriendo confiárselo a la mama.

El Día de las Madres se impulsó con fuerza desde inicios del siglo XX, en contraste con el Día del Padre que se celebró oficialmente mucho más tarde (en EE. UU. Desde 1972). Y en un principio se percibía como una festividad para igualar las ventas.

En muchos hogares el Día del Padre simplemente implica que él participe en la organización de su propia comida o festejo, a diferencia del Día de las Madres, donde el enfoque está en consentirlas y liberarlas de tareas domésticas.

Pero antes de que millones de padres salten a quejarse de que a ellos sí les gustaría recibir regalos generosos el último domingo de junio, las cifras muestran que cada vez se gasta más en el Día del Padre.

Con los cambios en los roles de género tradicionales, cada vez son más los padres dedicados a cosas de la casa y al cuidado de sus hijos. No ha de sorprender que esto se incremente cada año.

El desequilibrio entre ambas fechas obedece básicamente a factores culturales, históricos y comerciales. Históricamente, se ha idealizado y asociado más a la madre con el cuidado y la crianza, mientras que el Día del Padre se instituyó oficialmente más tarde y siempre ha tenido una connotación de menor consumo comercial.

Queda en cada uno de nosotros revertir estos patrones, el nudo de la historia de Antonio y renovar los principios que traemos de generaciones, para tener padres más activos en la valoración y cuidado los hijos.

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