La pobreza extrema no desaparecerá mediante un único programa de asistencia ni por el simple crecimiento del producto interno bruto. Su reducción sostenible exige una economía capaz de crear empleos productivos, empresas competitivas e ingresos suficientes, junto con instituciones transparentes y servicios públicos de calidad.
Las propuestas de Glen Hubbard y William Duggan destacan acertadamente la importancia de la actividad empresarial y los incentivos productivos, aunque deben complementarse con una visión que reconozca la función de la protección social y la inversión pública. Para la República Dominicana, el desafío consiste en transformar el crecimiento económico en bienestar ampliamente compartido, de modo que las personas que superen la pobreza puedan mantenerse fuera de ella.
La solución más efectiva no es eliminar indiscriminadamente la ayuda, sino convertirla en un instrumento para ampliar capacidades, crear oportunidades y reducir las causas estructurales de la pobreza. La meta debe ser que ninguna familia dependa indefinidamente de la asistencia para sobrevivir y que cada ciudadano disponga de condiciones reales para desarrollar una vida digna.
Introducción
La erradicación de la pobreza extrema constituye uno de los mayores desafíos económicos, políticos y sociales del siglo XXI. A pesar de los avances alcanzados durante las últimas décadas, millones de personas continúan sin ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades alimentarias y acceder a servicios esenciales. El problema exige revisar tanto la eficacia de las políticas públicas como el funcionamiento de los mercados, las estrategias de cooperación internacional y la capacidad de los países para generar empleos productivos.
Glen Hubbard y William Duggan, autores del libro The Aid Trap: Hard Truths About Ending Poverty, publicado en 2009 por Columbia University Press, plantean una visión crítica de los mecanismos tradicionales de asistencia al desarrollo. Su argumento central es que la ayuda externa, cuando sustituye la iniciativa productiva, debilita los incentivos empresariales o alimenta estructuras burocráticas ineficientes, puede terminar perpetuando las condiciones de pobreza que pretende combatir.
Los autores cuestionan la dependencia prolongada de los programas de asistencia internacional y de determinadas organizaciones sin fines de lucro. Sostienen que las transferencias de recursos, por sí solas, no garantizan un desarrollo sostenible, especialmente cuando los fondos no se traducen en inversiones productivas, generación de empleo y ampliación de las capacidades económicas de la población.
Esta crítica merece consideración, aunque no debe interpretarse como una descalificación general de la cooperación internacional ni de las asociaciones sin fines de lucro. La ayuda humanitaria resulta indispensable ante las guerras, las catástrofes naturales, las hambrunas y las emergencias sanitarias. Asimismo, numerosas organizaciones contribuyen a prestar servicios que los gobiernos no pueden ofrecer de manera suficiente. El problema aparece cuando la asistencia carece de transparencia, evaluación de resultados y estrategias para reducir progresivamente la dependencia.
El desarrollo empresarial como instrumento contra la pobreza
Hubbard y Duggan defienden una estrategia que conceda mayor protagonismo a las empresas, la inversión privada y el emprendimiento. Desde esta perspectiva, la pobreza extrema no se resuelve exclusivamente distribuyendo recursos entre los hogares vulnerables, sino ampliando las oportunidades para que las personas obtengan ingresos estables mediante el trabajo, la producción y la participación en la actividad económica.
El argumento tiene fundamentos económicos importantes. Las empresas productivas generan puestos de trabajo, incorporan tecnologías, aumentan la productividad y amplían la recaudación tributaria. Cuando estas actividades se desarrollan dentro de un marco institucional estable, sus beneficios pueden extenderse a otros sectores de la economía, incluidos el comercio, el transporte, los servicios profesionales y la agricultura.
Sin embargo, el crecimiento empresarial no garantiza automáticamente una reducción de la pobreza. Una economía puede registrar aumentos significativos de su producto interno bruto mientras mantiene bajos salarios reales, informalidad laboral, concentración del ingreso y limitadas oportunidades de movilidad social. Por consiguiente, la expansión de las empresas debe acompañarse de empleos dignos, competencia efectiva, protección de los derechos laborales y políticas que faciliten el acceso de los sectores vulnerables a las oportunidades económicas.
Los autores también destacan el potencial del microcrédito para impulsar pequeños negocios. El acceso al financiamiento puede permitir que una persona adquiera herramientas, amplíe un establecimiento comercial o desarrolle una actividad productiva. No obstante, el crédito no constituye una solución universal: sin capacitación, mercados, infraestructura, tecnología y capacidad de pago, puede aumentar el endeudamiento de familias que ya enfrentan ingresos insuficientes.
La política pública debe procurar que las microempresas viables puedan convertirse en negocios sostenibles, contratar trabajadores y acceder a nuevos mercados. Esto requiere simplificar los procedimientos administrativos, facilitar la formalización, ampliar la inclusión financiera y mejorar la formación técnica. También exige distinguir entre actividades de subsistencia y empresas con posibilidades reales de crecimiento.
Una nueva estrategia de cooperación para el desarrollo
Los planteamientos de The Aid Trap sugieren una especie de programa internacional de inversión productiva que contribuya a transformar las economías en desarrollo. Una iniciativa de esta naturaleza podría combinar financiamiento de largo plazo, garantías crediticias, asistencia técnica y transferencia de tecnología, siempre que los proyectos demuestren viabilidad económica, beneficios sociales y mecanismos de supervisión.
La referencia a un nuevo Plan Marshall debe entenderse como una propuesta de política económica, no como una solución automática. El programa de reconstrucción europea posterior a la Segunda Guerra Mundial respondió a circunstancias históricas e institucionales particulares. Una iniciativa contemporánea destinada a reducir la pobreza tendría que adaptarse a las diferencias entre países, sectores productivos y capacidades estatales.
Los recursos internacionales podrían dirigirse a empresas locales capaces de generar empleo formal, desarrollar cadenas agroindustriales, ampliar la producción manufacturera, mejorar la infraestructura logística y promover actividades tecnológicas. Para evitar que el financiamiento termine concentrado en grupos privilegiados, serían indispensables la competencia transparente, la rendición de cuentas y la evaluación independiente de los resultados.
El crecimiento del sector empresarial también podría ampliar los ingresos fiscales mediante el impuesto sobre la renta y otros tributos. Una recaudación más sólida permitiría financiar servicios fundamentales como educación, salud, transporte público, vivienda, agua potable y saneamiento. Estos servicios no deben considerarse únicamente gastos presupuestarios: constituyen inversiones en capital humano y productividad.
La experiencia internacional demuestra, además, que el desarrollo requiere instituciones capaces de hacer cumplir los contratos, combatir la corrupción, proteger los derechos de propiedad y garantizar condiciones de competencia. Sin estas bases, tanto la inversión privada como la ayuda internacional pueden perder efectividad.
República Dominicana: avances y desafíos pendientes
La República Dominicana ofrece un caso relevante para examinar la relación entre crecimiento económico y reducción de la pobreza. Durante las últimas décadas, el país experimentó una expansión sostenida de actividades como el turismo, las zonas francas, las comunicaciones, el comercio y los servicios financieros. Este proceso contribuyó a crear empleos y ampliar los ingresos de numerosos hogares.
Sin embargo, los resultados agregados no deben ocultar las desigualdades territoriales y sociales. La informalidad laboral, los bajos ingresos de parte de la población ocupada, el costo de la vivienda, las dificultades de acceso a servicios públicos y las brechas educativas continúan limitando la capacidad de algunos hogares para superar de manera permanente la pobreza.
La medición monetaria permite identificar a las personas cuyos ingresos familiares por habitante no alcanzan los recursos necesarios para cubrir una canasta básica. Dentro de esta población, la pobreza extrema corresponde a quienes no disponen de ingresos suficientes para cubrir las necesidades alimentarias básicas, de acuerdo con la metodología oficial nacional.
Las estadísticas dominicanas muestran una reducción importante de la pobreza monetaria general durante 2024 y 2025. Según el Ministerio de Hacienda y Economía, la tasa general descendió del 19.0 % en 2024 al 17.3 % en 2025. En ese último año, 172,346 personas superaron la línea de pobreza monetaria general. La tasa de pobreza extrema se situó en 2.2 % en 2025.
Estos avances son relevantes, pero requieren una interpretación cuidadosa. Las personas que superan la línea de pobreza general no necesariamente proceden de la pobreza extrema: pueden haber estado en pobreza moderada. Por ello, no debe confundirse el número total de personas que salió de la pobreza monetaria con la cantidad que abandonó específicamente la pobreza extrema.
Cuadro 1. República Dominicana: evolución de la pobreza monetaria y de la pobreza extrema, 2010-2026
| Año o período | Pobreza monetaria extrema | Pobreza monetaria general | Interpretación |
| 2010 | Aproximadamente 5.5 % con línea internacional histórica de US$2.15 diarios | — | Referencia internacional retrospectiva |
| 2016 | Aproximadamente 6 % con medición nacional histórica | Cerca de 29 % | Serie anterior; metodología distinta |
| 2017-2019 | Tendencia descendente en la serie comparable del período | Tendencia descendente | No debe enlazarse automáticamente con la metodología anterior |
| 2020-2021 | Afectada por la crisis sanitaria y sus secuelas | 30.42 % en 2020; 30.68 % en 2021 | Deterioro del ingreso y del empleo |
| 2022 | Descenso de la pobreza general | 27.65 % | Recuperación económica |
| 2023 | 3.2 % | 23.0 % | Reducción de la incidencia de la pobreza |
| 2024 | 2.4 % | 19.0 % | 413,686 personas salieron de la pobreza general |
| 2025 | 2.2 % | 17.3 % | 172,346 personas salieron de la pobreza general |
| 2026 | Dato anual definitivo no disponible | Dato anual definitivo no disponible | Pendiente de publicación oficial |
Fuentes: Ministerio de Hacienda y Economía; Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo; Banco Central de la República Dominicana; Banco Mundial. Las cifras históricas utilizan referencias metodológicas diferentes. La línea internacional de US$2.15 diarios corresponde a la metodología anterior del Banco Mundial, sustituida en 2025 por la nueva línea internacional de US$3.00 diarios, expresada en paridad de poder adquisitivo de 2021. Las tasas nacionales de pobreza general y extrema no son directamente intercambiables con las internacionales.
La reducción de la pobreza exige que los aumentos de los ingresos nominales se traduzcan en mejoras reales del poder adquisitivo. Cuando los precios de los alimentos, el transporte, la energía y la vivienda aumentan más rápidamente que los ingresos de los hogares vulnerables, una parte de los avances sociales puede desaparecer.
Por esta razón, el crecimiento del empleo debe evaluarse junto con los salarios reales, la productividad laboral, la calidad de los puestos de trabajo y la cobertura de la seguridad social. También es necesario examinar si los beneficios del crecimiento llegan a las provincias y comunidades rurales donde persisten mayores limitaciones de infraestructura y oportunidades productivas.
América Latina: la pobreza extrema sigue siendo un problema estructural
La reducción de la pobreza en América Latina enfrenta dificultades relacionadas con la desigualdad del ingreso, la informalidad, la baja productividad de numerosas actividades económicas y las diferencias en la capacidad fiscal de los gobiernos. La región también ha experimentado retrocesos asociados con crisis económicas, desastres naturales y la pandemia de COVID-19.
De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2024 la pobreza por ingresos afectó al 25.5 % de la población regional, mientras que la pobreza extrema alcanzó al 9.8 %, equivalente a unos 62 millones de personas. Aunque la reducción de la pobreza general fue significativa, la incidencia de la pobreza extrema continuó por encima del nivel registrado en 2014.
La CEPAL atribuye una parte importante de la reducción regional de la pobreza durante 2024 a los resultados de México y Brasil. Esto demuestra que las variaciones regionales dependen en gran medida del comportamiento de las economías más pobladas, así como de sus políticas laborales, sociales y distributivas.
Cuadro 2. América Latina y el Caribe: comparación de la pobreza extrema y cambios recientes
| País o región | Indicador de referencia | Variación de la pobreza extrema en 2024 |
| República Dominicana | Medición nacional: 2.4 % en 2024 | −0.8 puntos porcentuales |
| Brasil | Medición regional comparable | −0.7 puntos porcentuales |
| México | Medición regional comparable | −0.6 puntos porcentuales |
| Colombia | Medición regional comparable | −1.5 puntos porcentuales |
| Paraguay | Medición regional comparable | −1.2 puntos porcentuales |
| Costa Rica | Medición regional comparable | −0.7 puntos porcentuales |
| Perú | Medición regional comparable | −0.7 puntos porcentuales |
| Ecuador | Medición regional comparable | +0.1 puntos porcentuales |
| Uruguay | Medición regional comparable | +0.1 puntos porcentuales |
| Panamá | Medición regional comparable | +0.8 puntos porcentuales |
| América Latina | Pobreza extrema: 9.8 % en 2024 | −0.8 puntos porcentuales frente a 2023 |
Fuente: CEPAL, Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025, y Ministerio de Hacienda y Economía de la República Dominicana. Las variaciones corresponden a la comparación regional publicada para 2024; no representan necesariamente la diferencia entre las tasas nacionales de pobreza extrema de cada país. Las metodologías nacionales pueden diferir, por lo que no debe interpretarse este cuadro como una clasificación directa de niveles de pobreza.
El desafío regional consiste en consolidar una estructura productiva que genere empleos formales y mejor remunerados. Para lograrlo, es necesario elevar la inversión en educación, innovación, infraestructura y desarrollo tecnológico, además de mejorar la progresividad de los sistemas tributarios y la eficiencia del gasto público.
La protección social debe actuar como complemento de la creación de empleos y no como sustituto permanente de una política de desarrollo productivo. Las transferencias monetarias pueden reducir privaciones inmediatas y proteger a los hogares ante las crisis, mientras que la formación profesional, la atención sanitaria y el acceso a servicios básicos ayudan a construir oportunidades duraderas.
Experiencias mundiales: lecciones para reducir la pobreza
La experiencia internacional permite identificar diferentes caminos para reducir las privaciones económicas. Algunos países han logrado sacar de la pobreza a grandes segmentos de su población mediante una combinación de crecimiento, expansión del empleo, inversión en infraestructura y políticas sociales. Sin embargo, los resultados dependen de las condiciones iniciales, la capacidad institucional y el tipo de pobreza que se mida.
China constituye uno de los casos más importantes. Según el Banco Mundial, cerca de 800 millones de personas dejaron la pobreza extrema durante aproximadamente cuatro décadas de transformación económica. El proceso estuvo asociado con la expansión de la agricultura, la industrialización, el desarrollo de infraestructura, la urbanización y la integración comercial, además de programas públicos de reducción de la pobreza.
India también registró avances considerables en la pobreza multidimensional. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford estimaron que alrededor de 415 millones de personas salieron de esa condición entre 2005-2006 y 2019-2021. La medición incluye privaciones de salud, educación y condiciones de vida, por lo que no debe confundirse con una cifra de personas que superaron una línea monetaria de pobreza extrema.
Indonesia, por su parte, registró una reducción de aproximadamente ocho millones de personas en pobreza multidimensional entre 2012 y 2017, según la misma fuente. Otros países, entre ellos Camboya, Vietnam y Marruecos, también lograron avances significativos en indicadores multidimensionales.
Cuadro 3. Países con grandes reducciones de la pobreza: experiencias internacionales documentadas
| País | Personas que salieron de la pobreza | Período | Tipo de medición |
| China | Cerca de 800 millones | Aproximadamente 40 años, desde 1981 | Pobreza monetaria extrema según la antigua línea internacional de US$1.90 diarios |
| India | Cerca de 415 millones | 2005-2006 a 2019-2021 | Pobreza multidimensional |
| China | Cerca de 69 millones | 2010-2014 | Pobreza multidimensional |
| Indonesia | Cerca de 8 millones | 2012-2017 | Pobreza multidimensional |
| Otros países con avances importantes | No se presenta una cifra conjunta comparable | Diferentes períodos | Reducciones significativas del índice de pobreza multidimensional |
Fuentes: Banco Mundial, Four Decades of Poverty Reduction in China: Drivers, Insights for the World, and the Way Ahead (2022); PNUD y Oxford Poverty and Human Development Initiative, Global Multidimensional Poverty Index 2023. Los períodos y métodos difieren. Estas cifras ilustran experiencias de reducción de la pobreza, pero no constituyen una clasificación homogénea de países por número de personas que superaron la pobreza monetaria extrema.
La principal lección de estas experiencias es que la reducción de la pobreza a gran escala suele requerir transformaciones económicas prolongadas. La expansión de las oportunidades productivas, el aumento de la productividad agrícola e industrial, la inversión en capital humano y la ampliación de los servicios básicos pueden reforzarse mutuamente.
No obstante, el crecimiento por sí solo no basta. La distribución de sus beneficios, la capacidad del Estado para ofrecer servicios esenciales y la posibilidad de que los hogares más vulnerables participen en las nuevas actividades productivas determinan en buena medida la sostenibilidad de los resultados.
Hacia una estrategia integral para la República Dominicana
La experiencia dominicana y las lecciones internacionales apuntan a una estrategia que combine iniciativa privada, políticas públicas eficaces y protección social. El objetivo debe ser reducir la pobreza extrema sin generar dependencia permanente de las transferencias, pero evitando que la población más vulnerable quede desprotegida durante las crisis económicas.
En primer lugar, el país necesita fortalecer la productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas, facilitar su formalización y ampliar su acceso a financiamiento responsable. En segundo lugar, debe mejorar la formación técnica y la educación, vinculándolas con las necesidades de los sectores productivos y con las nuevas tecnologías.
En tercer lugar, es indispensable fortalecer los servicios públicos de salud, educación, agua potable, saneamiento, transporte y vivienda. La carencia de estos servicios incrementa los costos de los hogares pobres y reduce sus posibilidades de mejorar sus ingresos. Por ello, las políticas de desarrollo empresarial deben coordinarse con la inversión social y territorial.
También resulta necesario mejorar la transparencia de las ayudas públicas, evaluar el impacto de los programas sociales y asegurar que los recursos lleguen a las personas que realmente los necesitan. Las transferencias monetarias deben complementarse con servicios de intermediación laboral, capacitación, apoyo a pequeños productores y mecanismos de protección frente a situaciones de desempleo o enfermedad.
Finalmente, el Estado debe establecer metas verificables de reducción de la pobreza extrema, acompañadas de indicadores de empleo formal, salarios reales, nutrición, escolaridad y acceso a servicios básicos. La publicación periódica de estos resultados permitiría identificar qué programas funcionan, cuáles necesitan ajustes y dónde deben concentrarse los recursos.
El autor es economista.
Fuentes de referencia para la publicación
- Ministerio de Hacienda y Economía de la República Dominicana. Estadísticas oficiales de pobreza monetaria 2025. Consultar informe oficial.
Ministerio de Hacienda y Economía
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- Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo. Boletín de estadísticas oficiales de pobreza monetaria en la República Dominicana 2024. Consultar boletín.
mepyd.gob.do
- CEPAL. Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025. Portal oficial de la CEPAL.
CEPAL
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- Banco Mundial. June 2025 Update to Global Poverty Lines. Consultar metodología internacional.
World Bank
- Banco Mundial. Lifting 800 Million People Out of Poverty: Lessons from China’s Experience. Consultar informe sobre China.
World Bank
- PNUD y Oxford Poverty and Human Development Initiative. Global Multidimensional Poverty Index 2023. Consultar resultados internacionales.
United Nations Development Programme
- Hubbard, R. Glenn, y William Duggan. The Aid Trap: Hard Truths About Ending Poverty. Columbia University Press, 2009. Consultar la obra original.
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