Plays sin fanáticos
Si el panorama no cambia, la asistencia a los estadios seguirá siendo ridícula.
Se puede apostar peso a morisqueta que los propietarios y comercializadores de equipos tienen temor de identificar los elementos culpables de la tremenda debacle que experimenta el torneo.
Hasta la fecha no han valido las pomposas bailarinas, las excéntricas promociones en la guerra de las cervezas, ni la propaganda de precios bajos.
En el Quisqueya es una lástima observar el escaso público.
Pero lo que no se atreven a decir es que esa crítica situación es un reflejo claro de la crisis económica, la inseguridad pública y los costosos precios en los artículos comestibles y la tragedia que significa estacionarse, entre otros.
Si vas al estadio el panorama es lastimoso, pero el espectáculo es peor si se observa por televisión.
Una baja tan sensible al igual que la que se registras en Santo Domingo se observa en los estadios Cibao de Santiago y Julián Javier de San Francisco.
Se pueden argumentar todas las teorías posibles para explicar esta situación, pero la realidad es que si no se mueven rápido, la pelota podría experimentar una de sus peores pesadillas. Aunque los equipos tienen contratos amarrados por todo el torneo, la baja asistencia es una pésima señal.