Petro y la nueva izquierda latinoamericana

Petro y la nueva izquierda latinoamericana

Petro y la nueva izquierda latinoamericana

Los recientes eventos electorales que han tenido lugar en prácticamente toda Latinoamérica se han caracterizado por sustituir visiones, prioridades y modelos de gestión.

Países como Bolivia, tras el golpe de Estado a Evo Morales y la posterior elección de Luis Arce; Argentina, con el retorno del kirchnerismo tras el complicado gobierno de Macri, y en México, tras el escandaloso e inefectivo gobierno de Enrique Peña Nieto y el PRI, y el ascenso, en un tercer intento, de Andrés Manuel Lopez Obrador, iniciaron un nuevo ciclo político y social que marcó el regreso de la corriente ideológica que dominó el continente en el primer decenio del siglo XXI.

Roberto Ángel Salcedo

Otros ejemplos pululan y se replican en la zona como en Perú, con la escogencia de Pedro Castillo, y en Honduras, con la vuelta al poder de la izquierda representada por Xiomara Castro. Uno de los ejemplos más representativos lo constituye, sin dudas, la reciente elección en Chile.

Como una de las naciones de más solidez institucional en el continente, la sociedad chilena se abocó a elegir a Gabriel Boric, un joven de 36 años, surgido de los movimientos estudiantiles de izquierda, con ácido discurso frente a los estamentos de poder y constituido como permanente crítico del status quo.

Su postura alterna a los modelos políticos tradicionales que habían gobernado el país desde la vuelta a la democracia, permitieron que Boric pudiese capitalizar la necesidad de cambio, y consecuentemente, aglutinar, desde los más radicales comunistas chilenos, hasta los socialdemócratas, en una exitosa coalición electoral que sirvió de plataforma para su indiscutible respaldo en las urnas.

Petro en Colombia
Gustavo Francisco Petro, oriundo de Córdoba, Colombia (1960), desde temprana edad mostró inquietudes sociales. En sus años de juventud militó en el movimiento guerrillero y urbano, llamado 19 de Abril (M-19). Dicho movimiento participó del conflicto armado interno de Colombia entre 1974 y 1990. Esta etapa de desestabilización interna que se produjo motivada por la expansión del narcotráfico, los grupos paramilitares, así como los grupos guerrilleros.

Tras la desmovilización en 1990, el movimiento guerrillero se transformaría en Alianza Democrática M-19, convirtiéndose en la segunda fuerza política más representativa de la Asamblea Constituyente de 1991.

Para ese año, Petro se convertía en miembro de la Cámara de Representantes. Para las elecciones de 1994 no pudo reelegirse al mismo cargo y se vio compelido a abandonar el país por supuestas amenazas de muerte. Fue agregado diplomático en el gobierno de Ernesto Samper y regresó a Colombia para 1997.

Un año más tarde volvió a postularse a la Cámara de Representantes, en esa ocasión logró ganar y hubo de repetir la hazaña en 2002, siendo el más votado. La carrera política de Petro continuó en permanente avance y su figuración pública era cada vez más notable. Fue Senador en 2006 y Alcalde de Bogotá entre 2012 y 2015.

Antes de su elección como presidente de la República el pasado domingo 19 de junio, había agotado dos intentos previos por alcanzar la posición más importante dentro del Estado colombiano, uno en 2010 donde obtuvo solo un 9.1 % de los votos emitidos y ocupó la cuarta posición; en dicha elección resultó ganador Juan Manuel Santos.

El otro intento fue en 2018, en esta elección terminó en el segundo lugar y esto le permitió, por su destacado desempeño electoral, ocupar una curul como senador de la oposición (de acuerdo a la constitución y leyes electores de Colombia).

Petro construyó su discurso al margen de la tradición política dominante en Colombia. La experiencia acumulada por su dilatada carrera, le permitió constituirse en la expresión y anhelo de cambio que los años de luchas con los grupos paramilitares, con el narcotráfico y con la desigualdad económica fueron consolidando en el país suramericano.

Retos de Petro
Con una de las elecciones más reñidas de la historia democrática y contemporánea de Colombia, Gustavo Petro ha creado un precedente al convertirse en el primer presidente de izquierda y teniendo a la primera mujer afro, en Francia Márquez, como su vicepresidenta.

El nuevo gobierno que asumirá las riendas del país en el mes de agosto tendrá amplios retos y desafíos.

En materia social, una nación polarizada por las desgastantes luchas políticas y de clases. Como retos económicos hacerle frente a una combinación entre situaciones internas y externas que ha disparado la inflación hasta el 9.1 %; el desempleo en el 11.2 %; la alta informalidad económica que supera el 50 %; esto sumado a la urgencia que implica equilibrar y mejorar una cotización del dólar cercana a los 4 mil pesos colombianos, así como combatir la incertidumbre que su propia elección entraña para los sectores productivos nacionales y los posibles inversores extranjeros.

La seguridad ciudadana requerirá de un rediseño, puesto que los grupos armados y el narcotráfico, en sus distintas modalidades, han contribuido a quebrar la paz social y vulnerar muchos derechos humanos.

Latinoamérica
Los gobiernos progresistas y de izquierda que hoy dominan gran parte de los territorios latinoamericanos han modificado su visión y alcance, alejándose de los modelos socialistas reproductores de pobreza, de economías cerradas, de auto limitación a la capacidad productiva y a la generación de riquezas. El referente regional fue Cuba con su revolución de 1959.

La caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética terminaron de erradicar el sentido ideológico a esos regímenes.

En un contexto actual, con las secuelas de la primera pandemia del siglo XXI, los embates económicos que se desprenden del conflicto armado de Rusia y Ucrania, y las tensiones comerciales entre EE. UU. y China, las economías en Latinoamérica tienen el reto de satisfacer a sociedades cada vez más demandantes, híper conectadas, que exigen mayor rigor en la transparencia y eficiencia en la gestión pública.

Los tiempos cambian y las ideologías se ven forzadas a modificarse y adaptarse a los nuevos tiempos.

*Por Roberto Ángel Salcedo



El Día