Nuevos redentores

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El fanatismo es uno de los males que más daño han producido en la historia de la humanidad.

Nadie puede negar que de una u otra forma el fanatismo ha sido responsable directo de la mayoría de las conflagraciones.

Es cierto que el de tipo religioso ha sido el más perverso y dañino, pero también es una verdad incuestionable que los políticos, en especial los farsantes y demagogos, que por nuestros predios los tenemos por montones, también lo auspician, utilizando para ello en forma desmedida y descarada los recursos del Estado, como una forma de que se les vea como predestinados y salvadores.

Mientras ese fenómeno se promociona y se quiere hacer ver como una verdad, lo cierto es que cada día menos gente cree si no se le otorgan favores económicos o de otra índole.

Es más, ese supuesto fanatismo de la gente hacia los detentadores del poder es risible si no se “cantean”.

Incluso, se está dando el fenómeno de que el fanatismo ha ido decreciendo hasta en el deporte.

Si usted hace una retrospectiva del seguimiento a ciegas de los aficionados de hace unas décadas con relación a lo que ocurre en la actualidad, por ejemplo, en el béisbol profesional, se dará cuenta de que el fanatismo ha descendido significativamente.

De esa realidad deben beber los que se creen que por manejar millones que no les corresponden pueden creerse redendores.

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El Día

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