Nueva visión sacerdotal 

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Los sacerdotes en un mundo masificado, somos una casta aparte. En un mundo que lucha por descubrir los valores de esta vida, nosotros predicamos constantemente los valores de la otra vida.

En un mundo que quiere encontrar a Dios, ya aquí en la tierra, nosotros le decimos que este mundo es malo, que hay que renunciar a él y que para ver a Dios hay que esperar al cielo. Los sacerdotes tenemos que dejar los puestos de privilegios, no podemos seguir siendo una casta aparte, y menos si somos una casta dominante.

La mentalidad moderna ya no tolera eso. Y el mismo sacerdote, que es realmente moderno, tampoco lo puede tolerar. y de ahí la crisis que vivimos los sacerdotes que nos consideramos enraizados en nuestro tiempo.

El mundo de hoy necesita sacerdotes de otro tipo. No previamente sometidos a un proceso de deshumanización ni “deformados” por una formación, que tiene tanto de positiva como de negativa. Serán sacerdotes mucho más encarnados en el pueblo, porque no solo son tomados de entre el pueblo, sino que seguirán perteneciendo al pueblo y seguirán formando parte del pueblo.

Vivirán en una casa igual que las otras del barrio o de la urbanización, se ganarán el pan en una oficina, taller o fábrica, igual que los demás mortales, vestirán igual que los demás, tendrán una familia igual que los demás. Porque el problema no está si en el futuro se casarán o no se casarán, sino en si son o no capaces de oír la voz del pueblo y estar a su servicio como lo hizo Jesús. La Iglesia tiene que entender que el mundo de hoy necesita una nueva imagen de ella y de sus sacerdotes y colaboradores en general.

Se necesitan hombres o mujeres que casados o no casados, con su vida y entrega real sean otros Cristos en el mundo de hoy, que más que palabras y discursos lindos y vacíos nos está pidiendo que seamos testigos de Dios.

Aunque se piense lo contrario, ni la Filosofía, ni la Teología, ni la amplia cultura pertenecen a la esencia del sacerdocio, sino que es la entrega a Cristo y a los hermanos. Es que la Iglesia del futuro será muy diferente a lo que es la Iglesia hoy. La voz del Espíritu se dejará sentir mucho más a través de los laicos. Es que la Iglesia es para el mundo, y los que mejor conocen el mundo no son los curas, la jerarquía, sino los laicos.

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El Día

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