La crisis la constituye el mismo sacerdocio. No está fuera. No hay que buscarla en otro lado.
¿Qué sentido tiene el ser sacerdote en el mundo de hoy? ¿Qué es hoy el sacerdote en la Iglesia? ¿Cuál es el papel del sacerdote en una sociedad autónoma y desacralizada? ¿Qué hace hoy un sacerdote en una sociedad desacralizada, plural?
El sacerdote hoy está confuso. No sabe exactamente qué es, ni para qué es, ni cómo ser.
En la sociedad todo se está rehaciendo y el sacerdote que se encuentra en el centro de esta sociedad cambiante se encuentra confuso y se siente incómodo y sin saber qué dirección tomar.
Estamos viviendo un tiempo muy interesante, pero también difícil. Hace falta tener mucha serenidad para no perder la cabeza. Se ha escrito mucho sobre el sacerdocio en el A .T., el sacerdocio en el N.T., en las religiones paganas y sobre el sacerdocio apostólico; pero pecaríamos de ingenuos si pensamos que el sacerdocio actual su misión es puramente espiritual, desinteresada de los problemas materiales de este mundo y que encuentra toda la solución a sus problemas en el sacerdocio de Cristo.
Los sacerdotes, seres débiles en un mundo en constantes cambios, somos los encargados de darle vida, de actualizar el sacerdocio de Cristo. Aunque el sacerdocio en sí no cambie, la manera de ejercerlo y de hacerlo vivo sí tiene que cambiar.
Hace falta esclarecer muchas cosas, no quedarnos buscando luz solamente en la tradición, sino mirar esperanzados hacia el futuro, viendo en las señales de los tiempos la voluntad de Dios.