Nueva Visión Sacerdotal (II)

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El sacerdote es una víctima de un modo, de una estructura, de una concepción de Iglesia.

Pero al mismo tiempo se ha convertido en un victimario, pues es el sacerdote el principal causante del que el laicado católico se encuentre en el estado en que se encuentra, sin Norte, sin dirección y sin saber cuál es su función en la Iglesia.

El sacerdote ha sido sometido a un proceso de deshumanización, ha sido preparado para desempeñar unas funciones que de él se espera:

– Se espera que se mezcle con el pueblo y se le da toda una educación separada del pueblo.

– Se espera que se mezcle con el pueblo humilde y se le da una formación eminentemente burguesa.

– Se espera que se mezcle con un pueblo que de ordinario tiene muy poca cultura y toda su formación es a base de libros, una metafísica rebuscada ajena a las cosas de este mundo.

– Se espera que trate con un pueblo sacramentalizado en exceso y toda su formación gira en torno a los sacramentos.

– Se espera que trate con un pueblo humilde y toda su ceremonia comenzando por su ropaje, huele a pompa.

– Se espera que sea paciente, compasivo, paternal y tolerante, pero su aislamiento de años y su celibato lo hacen desarrollar una psicología de soltero áspero y refunfuñón.

– Se supone que tendrá mil ocasiones de apartarse del camino recto y no se le educa en la libertad y toma de decisiones, sin imposiciones ni miedo a sanciones.

– Se le tiene encerrado en un seminario donde todo está reglamentado, todo está mandado o todo está aprobado y ay del que quebrante el reglamento.

Hoy la Iglesia está en crisis y no es extraño que ella lo esté, pues es el mundo el que está en crisis, entonces no es de extrañarnos que el sacerdocio, que está en el corazón de la Iglesia, esté también en crisis. (Mi Iglesia Duerme).

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El Día

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