Nueva visión del sacerdote para el nuevo mundo IX- Es posible hoy el celibato
El celibato es el principal obstáculo hoy para que jóvenes entren al seminario.
El celibato es la condición que la Iglesia le exige necesariamente a todos los que quieren ser curas (sacerdotes).
Hay muchos cristianos aptos para ser sacerdotes y hay muchos jóvenes que les encantaría ser sacerdotes, pero esas condiciones del celibato no las aceptan, no están dispuestos a renunciar al matrimonio.
Hay muchos jóvenes de toda clase, posición, quienes hubieran dedicado toda su vida al sacerdocio, pero estando casados.
La Iglesia latina tiene el derecho de reservar el sacerdocio a los que tengan el carisma del celibato, pero si lo hace, no tiene que extrañarse de que en el futuro no haya sacerdotes; y la jerarquía no puede hacerle un daño tan grande a la Iglesia entera, sólo por querer mantener una tradición que es relativa y que ha sido tan mal guardada a lo largo de la historia.
El celibato aparece como arma disciplinaría de la Iglesia en el año 300, en el concilio Elvira (España), un sínodo provincial, claramente estatuida como norma disciplinaria, y la jerarquía ha tenido que insistir en numerosas ocasiones con toda clase de órdenes, leyes y proyectos, para que se guardase lo establecido.
Creemos en que ha habido y puede haber sacerdotes célibes.
Lo que no vemos claro y tampoco el pueblo de Dios lo ve, es por qué necesariamente todos los sacerdotes tengan que ser célibes y que se les cierren las puertas a aquellos que sin ser célibes pueden ejercer el sacerdocio.
La deducción de todo esto es que debiera haber en la Iglesia dos tipos de sacerdotes: los solteros y los casados, con diversas actitudes y formación, pero unidos en la obra de evangelizar.
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