No robarás

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La corrupción es un mal ancestral acompañante de la sociedad dominicana, que deviene en un gran valladar hacia la ruta crítica requerida para construir capital social y dignificar al conglomerado humano que compone a este país.

El tema suele merecer la atención de políticos, empresarios, cientistas, dirigentes sociales, hacedores de opinión pública y otros actores. Constituye foco de campañas proselitistas en donde suena generalmente como proclama gastada que nadie escucha porque en política aquí todo se merenguea.

Por las señales ofrecidas en el lanzamiento oficial de su pre-candidatura, Danilo Medina, la ficha peledeísta con mayores posibilidades de éxito en la contienda por la Presidencia de la República, incorporará esta problemática a su discurso como desafío a encarar.

Tan terrible como manida, la corrupción suena –al ser abordada por los políticos- como la melodía repetida de un flautista que no encanta y que a su paso deja a los ensordecidos ratones enquistados en sus rincones. ¿Cuál es el problema? El abordaje de este tema tiene que convencer, generar credibilidad y compromiso.

“Prometo no robar”, una expresión directa, llana, que busca impacto y fijación en la sique de los electores, me creó desazón porque sentí la necesidad de una extensión que le confiriera sentido y plataforma. Me sonó igual a las tristemente célebres frases balaguerianas: “La corrupción se detiene en la puerta de mi despacho”.

Confieso sin embargo que sentí el impacto de un cohete en mis sentidos al escuchar la promesa. Me puso en alerta sobre lo que seguiría después: un juramento por la independencia del Ministerio Público y el funcionamiento pleno, en materia de transparencia, de todo el andamiaje legal e institucional sin precedentes creado por el actual gobierno.

Me creó la expectativa de una sólida promesa de destituir –con sus consecuencias garantizadas- a cualquier funcionario ante el más mínimo asomo de corrupción comprobada que le implique. Quizás, en su estrategia de comunicación que desconozco, Medina deja para más adelante dar cuerpo a lo que aparentaría ser una parte medular de su discurso. Esperemos.