“No me dejes”: el grito de auxilio en una ciudad devastada en Venezuela que espera por rescatistas
- La Guaira, declarada zona de desastre, suplica por el envío urgente de rescatistas y maquinaria pesada
Venezuela.- “No te vayas, no me dejes”, ruega Amir, un joven de 16 años que tiene un edificio entero sobre su cuerpo tras los devastadores terremotos de 7,5 y 7,2 registrados en Venezuela.
El adolescente lleva más de doce horas atrapado entre los restos del complejo Luisa Cáceres de Arismendi de Playa Grande, en la localidad de Catia La Mar, estado de La Guaira. Apenas su cara y parte de su torso logran asomarse entre la inmensa montaña de escombros.
Este estado costero, vecino a la ciudad de Caracas, es el más afectado por los potentes sismos, según confirmó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien lo declaró “zona de desastre natural por la cantidad de edificios que colapsaron".
Hasta el lugar donde agoniza Amir, la ayuda aún no llega y la resistencia del joven es cada vez menor. “Yo creo que quedo inválido. Cada vez (el edificio) se pone más pesado”, asegura a EFE este estudiante de secundaria y de música, quien confesó no saber nada de su padre desde el inicio del temblor.
Rescate limitado y desesperación en las zonas colapsadas
Playa Grande y buena parte de La Guaira están casi sin cuerpos de rescate ni maquinaria pesada. Los bomberos son escasos y los residentes, que operan como un equipo esencialmente humano, aseguran en el amanecer de este jueves que el Estado los ha dejado solos.
“Ayuda” o “auxilio” es el grito constante que emana desde los restos de edificios derrumbados o parcialmente sostenidos sobre débiles columnas. En estas torres, que alguna vez tuvieron una privilegiada vista al Mar Caribe, hoy solo se respira tragedia.
Entre el sonido de las alarmas de los vehículos y los pájaros del amanecer, alguien más clama por su vida. Cuando un vecino le pregunta su ubicación, la persona responde desde un primer piso: “Ayúdenme, por favor”. Lleva casi 12 horas atrapado allí, con el cadáver de una mujer justo a su lado.
El desespero es absoluto. A pocos metros, otro grupo de personas intenta remover concreto con ingeniería improvisada para hallar a una niña de 11 años llamada Dana. Su madre llora desconsolada mientras le indica a los vecinos dónde podría estar. En otro edificio colapsado, familiares claman con insistencia por una mujer llamada Eva.
En un país que no estaba preparado para vivir un sismo de tal magnitud, recién entrada la mañana se lograron ver algunos helicópteros en el cielo de La Guaira (antiguo estado Vargas), la misma región donde miles de personas murieron en 1999 a causa de los trágicos deslaves que aún dejan huellas en la memoria de sus habitantes.
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