Martes, 15 de octubre, 2019 | 8:11 pm

Ni vencidos ni vencedores de las primarias



Una parte considerable de los ciudadanos dominicanos concurrió cívicamente en el día de ayer a votar en las inéditas elecciones primarias de los partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y Revolucionario Moderno (PRM), a fin de escoger los candidatos que presentarán a los más de 4 mil puestos electivos que presentarán en los comicios municipales, congresuales y presidenciales del año 2020.

Luego de una intensa, pero civilizada precampaña electoral, ha correspondido al soberano, que es el pueblo, decidir quiénes serán sus preferidos para conformar las boletas de las dos principales agrupaciones políticas en los distritos municipales, los municipios y las provincias; así como en el Distrito Nacional.

Aunque la realidad es que en la política dominicana se vive una lucha dura por el control del poder político, ya ha llegado el momento de ver estos procesos como fiestas democráticas en los que se va a perder o ganar.

Hay que hacer consciencia de la necesidad de promover una sociedad política pacífica y decente, no la que se difunde en las redes sociales, en la que destacan sentimientos de envidia, odio, rencor y mezquindad contra cualquier persona que no coincida con sus ideas.

Se trata de individuos que no entienden la nobleza, concepto reservado para aquellas personas especiales que exhiben la virtud de procurar siempre el bienestar de sus semejantes, a través de la puesta en práctica de valores como la lealtad, la empatía, la sensibilidad, la solidaridad, la justicia y el amor.

República Dominicana tienen por delante grandes desafíos que superar, en momentos en que predominan la debilidad de sus instituciones democráticas, incluyendo la administración de justicia; se manifiestan diversas formas de violencia y surgen con fuerza negocios vinculados al crimen transnacional.

Y por ello, ahora más que nunca, desde se la política, se demanda un comportamiento que se corresponda con las mejores aspiraciones y expectativas del pueblo.

Los políticos deben aportar a la construcción de una sociedad más democrática, en la que las reglas sean respetadas, de manera que sirvan de ejemplo a seguir al resto de los habitantes del país.

Mientras que el caso de la Junta Central Electoral (JCE), en su condición de órgano rector del proceso de organización de las elecciones, también se espera que sepa comportarse a la altura de las circunstancias y responsa a la confianza que los diversos sectores de la sociedad le han depositado.

Ese respaldo moral y material brindado al referido órgano resulta comprensible en un momento en que la democracia dominicana se pone a prueba con las primarias establecidas mediante la Ley 33-18, sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos.

Las reformas electorales introducidas a través de la referida norma y de la Ley 15-19, sobre Régimen Electoral, confieren mayores derechos políticos a los ciudadanos, por lo que abre la posibilidad de presentación de muchas controversias de precandidatos que resultaren inconformes con los resultados.

Ojalá que los aspirantes no abusen de esas prerrogativas, debido a que una situación de esa magnitud crearía las condiciones para una eventual una crisis política.

De ninguna manera sugerimos que se renuncie a legítimos reclamos, sino que de lo que se trata es de evitar la presentación de demandas ante las juntas municipales electorales y la del Distrito Nacional y del Tribunal Superior Electoral (TSE), en función de simples “pataleos”, procedimientos alejados de una efectiva democracia electoral.

En la medida en que se quede bien en las primarias, podríamos ir pensando en el montaje de unos comicios ejemplares para el próximo año. Una vez se anuncie el cómputo final de las primarias, no deben haber ni vencidos ni vencedores entre perremeístas y peledeístas, sino un triunfo de la democracia.

Luis Garcia

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