Jueves, 23 de mayo, 2019 | 11:01 pm

Muro, ¿sí o no?



Recientemente el ministro de Defensa, Rubén Dario Paulino Sem, reconoció que la “protección” fronteriza cuesta 50 millones de pesos diarios. Afirmando que para todo lo que implica custodiar esos 388 kilómetros “50 millones no es dinero”.

Si dividimos 50 millones entre mil, nos da 50 mil pesos; si invertimos esa cantidad por metro lineal de muro fronterizo, se podría construir un kilómetro de muro por día; en los 365 días que tiene el año, quedaría resuelta la totalidad. ¡Con lo que el gobierno gasta en un año en la frontera se puede construir un muro de hormigón de varios metros de alto desde Pedernales hasta Montecristi!

Esos trabajos generarían miles de empleos, propiciando que personas regresen a las despobladas provincias fronterizas. Se dinamiza la economía, y se crean las condiciones para mejorar la calidad de vida en esa olvidada zona.

El asunto no es dinero. Solo con la sobrevaluación de Punta Catalina se pueden invertir 130 mil pesos en cada metro de frontera. El problema es el servilismo de los políticos.

Los gobernantes dominicanos prefieren estar “fríos” con la comunidad internacional, para que les dejen robar tranquilos, y les mantengan abiertas líneas de crédito para seguir endeudando al país sin misericordia.

Se habla de desarrollar la zona fronteriza. Eso está muy bien. Pero para atraer inversión nacional o extranjera lo primero es garantizar la estabilidad social y política. ¿Quién va a invertir en un lugar donde una turba puede cruzar y vandalizar inversiones multimillonarias?

El muro fronterizo no es un gasto, sino una inversión. Permitiría reducir el presupuesto que se va actualmente en la frontera; y además revalorizaría a esa zona, aumentando el valor comercial de las propiedades y favoreciendo la inversión.

Haití no es cualquier país, es el más pobre del hemisferio, con una profunda inestabilidad política, social y económica… Podemos querer a nuestros vecinos, pero no al punto de sacrificar nuestra seguridad.

Un país sin una frontera real es como una casa sin puertas ni ventanas. Cuando usted pone seguridad en su casa no lo hace porque desprecia al resto de la humanidad, sino por el deber que tiene de proteger a su familia.

Es lo mismo.
Los haitianos deben resolver sus problemas en Haití, no cargándonos a los dominicanos, que ya muchos problemas tenemos.

El muro en la frontera no es un asunto de gustos, es una necesidad.

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