MANAGUA.- Millares de simpatizantes formaron colas el martes para tocar o besar el féretro de Tomás Borge Martínez, el último de los fundadores de la guerrilla sandinista que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza, quien murió en la víspera y cuyos restos eran exhibidos en el palacio de gobierno.
En medio del asueto por el Día Internacional del Trabajo, los nicaragüenses acudieron al llamado del presidente Daniel Ortega de rendirle tributo a Borge, quien falleció a los 81 años tras una cirugía por causa de una afección pulmonar.
Ortega decretó tres días de duelo, informó la secretaria de comunicación y ciudadanía del gobierno y esposa del mandatario Rosario Murillo.
El presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez Téllez, convocó a una sesión solemne para rendirle homenaje a Borge, a quien se refirió como "un nicaragüense excepcional que dedicó su vida por la libertad de Nicaragua".
El gobierno no había anunciado aún la fecha del funeral. Funcionarios del gobierno, así como artistas que comulgaron con el Sandinismo, como el cantautor Carlos Mejía Godoy, pasaron frente al féretro.
En las afueras del Palacio, se colocó música de los hermanos Mejía Godoy, entre ellos el tema "La misa campesina".
El ministro de Transporte, Pablo Martínez, con los ojos llorosos después de pasar frente al ataúd de madera con el cuerpo del líder revolucionario, expresó a periodistas que "aunque se va, lo vamos a tener presente". "Sin él no hubiera habido revolución", expresó a The Associated Press Glenda Pérez, una profesora universitaria de Ciencias Sociales, de 56 años.
"La revolución realmente es lo que ha hecho mucho por la gente más necesitada". Pérez dijo que es una simpatizante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el partido de gobierno y que ayudó a fundar Borge.
Algunos de los simpatizantes llegaron desde regiones apartadas, o desde horas de la madrugada a la plaza donde está el Palacio de la Revolución o el también conocido Palacio de la Cultura.
La mayoría de los asistentes son militantes que vinieron con sus organizaciones vecinales o sindicatos, y que portaban camisetas alusivas al Frente Sandinista.
Dijeron que estaban allí para despedir a una figura histórica en Nicaragua. Una bandera nicaragüense ondeaba a media asta en la plaza, mientras que al frente del Palacio se colocaron dos grandes carteles, en uno de ellos se mostraba la figura de Augusto César Sandino, inspirador de la posterior revolución sandinista.
Sandino combatió la invasión estadounidense de Nicaragua en los años 30. "Madrugué para llegar hasta aquí en el Palacio, donde se han escrito momentos históricos para los que seguimos el sandimismo, y respetamos a la figura de Borge", dijo José Alemán Pérez, un vendedor de legumbres en la capital, de 60 años.
"Nadie me obligó. Esto es espontáneo". Fue ese el edificio en el que el Frente Sandinista tomó como rehenes a congresistas en 1978-1979 con el fin de liberar a sus presos, entre ellos a Borge.
"No viví la revolución pero mis padres me hablaron de ella. Tuvo sus cosas buenas; también diferencias entre sus dirigentes, pero es la que más ha hecho por la gente necesitada", dijo Carla González, de 25 años.
No todos los nicaragüenses parecían tan motivados para visitar el féretro, aunque señalaron que por razones humanas intentarían hacerlo. "El estuvo del lado de los grandes, no estuvo de lado de los pobres", dijo Denis Centeno, de 61 años, vendedor de legumbre en un mercado popular en el centro de Managua.
Algunos gobiernos latinoamericanos, como Cuba y Venezuela, lamentaron el deceso de Borge.
La primera dama, Rosario Murillo, agradeció más temprano una comunicación del canciller venezolano Nicolás Maduro.
"Va a estar con nosotros en el amor y en el bien común, va a estar con nosotros en cada batalla y en cada victoria, en el avance indetenible hacia más justicia y más bienestar para todas las familias nicaragüenses", expresó Murillo en su mensaje.
Durante todo el día en la televisión, se ensalzó la figura de Borge. Murillo, a la que algunos consideran haber sido la responsable de enviar al exilio político a Borge como embajador en el Perú, fue la que anunció entre lágrimas su muerte.