Mientras la clase política duerme en sus laureles, la nación se desmorona

Mientras la clase política duerme en sus laureles, la nación se desmorona

Mientras la clase política duerme en sus laureles, la nación se desmorona

 

Porque: “El valor es resistencia al miedo,

dominio, no la ausencia de miedo”

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira

El miedo es natural en el prudente,

y el saberlo vencer es ser valiente.

Alonso de Ercilia. –

Al igual que en una competencia, no antes ni durante, sino, solo después de la meta, es que te puedes relajar un poco. Es precisamente lo que nos debe pasar con el mantenimiento y desarrollo de esta Nación, donde a diario surgen amenazas que poco a poco nos han ido minando la institucionalidad y hasta la propia nacionalidad. Así, poco a poquito, dejando hacer y dejando pasar simplezas que con el tiempo se convierten en desgracias y caos, como el tránsito, por algo decir.

Si, muy lentamente, pero como corriente desbocada de rio que va recibiendo a su paso más afluentes hasta que se convierte en un torrente devastador se nos está escapando hasta la dominicanidad, envuelta en formas y matices donde solo prevalecen intereses o creencias personales bajo un manto de diversas gamas de colores y protagonistas.

Lo peor es, que al igual que yo, la realidad de muchos acontecimientos nos mantiene desorientados, algo así como sucede en ocasiones con los lanzadores y los receptores, donde se dan casos, que hasta tienen que intervenir otros jugadores, ya que las señales llegan a una configuración de confusión tal, que se hace imposible saber qué hacer o qué posición adoptar. Primero comenzaron los militares ingresando civiles para participar en los juegos militares y vaya usted a ver que contradicción, juegos para militares dominados por civiles y claro está, que la corrupción para que esto haya sucedido y continue sucediendo, es la Madre del asunto.

Con el tiempo, paso a paso, el desastre ha aumentado y todo aquel civil que se destaque en un deporte, ni tontos ni perezosos son incluidos dentro de las filas militares y policiales sin vergüenza alguna, ya que, al parecer, no existe un organismo civil que acoja en su seno a estos atletas, sin que se haga presente la intención para detener esto, porque hasta para huir -como suele decirse-, se necesita mucho valor. Ahora bien, es imposible permanecer callado ante un editorial publicado por uno de los periódicos más leídos del país, donde lo primero que habría que recordarle al editorialista, es que lo ilegal no es generador de derechos y que, por demás, el fraude todo lo corrompe.

Ese es un editorial que llama a preguntarse, ¿en qué estaría pensando cuando lo escribió? ¿Acaso lo ilegal, si se hace en nombre del país, lo convierte en legal? Es posible, que no se haya enterado de que cuestiones como esta, han sido y son producto de desaprensivos e indelicados que juegan con nuestra nacionalidad con tal de auto proporcionarse méritos como reclutadores o entrenadores, sin dejar fuera a los políticos, que, desde sus posiciones en el Estado, por igual explotan para sí esta situación.

Por igual, tampoco considero correcto ni prudente, el haber escrito que la acción de estos atletas “ha servido para sacar a relucir lo más ruin de un grupo de malos dominicanos que son poco más que una vergüenza nacional” y continúo, según yo, haciendo un juicio de valor, plasmando veneno y hasta quizás algún oculto prejuicio, que: “Han cuestionado y hasta denostado a atletas por ser hijos de padres haitianos, pero los de otras nacionalidades que por igual han representado con dignidad al país” y, no señor, el meollo del asunto, la esencia está, en querer presentarlos como dominicanos, cuando a lo más que llegan es a ser, haitianos nacionalizados dominicanos, aunque esa nacionalización esté fundamentada en una ilegalidad.

Me parece, que no son aquellos que se han pronunciado sobre la nacionalidad de estos atletas civiles -porque los hay militares y policiales por igual- los que han demostrado su lado más repugnante, sino, muy por el contrario… ¡Su pluma! ¡Sí señor!



Rafael Ramírez Ferreira