Santo Domingo.- Los dominicanos se casan menos que hace una década y, al mismo tiempo, los divorcios representan una proporción cada vez mayor frente a los nuevos matrimonios, una transformación que coincide con otros cambios profundos en la estructura de la familia, como el aumento de los hogares encabezados por mujeres, una mayor autonomía femenina y la pérdida de peso relativo de los matrimonios canónicos.
Las estadísticas de los registros administrativos de las Oficialías del Estado Civil, recopiladas por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), muestran que en 2016 se registraron 52,898 matrimonios, mientras que en 2025 fueron 40,750, lo que supone una reducción de 12,148 enlaces, equivalente a casi un 23 % en nueve años.
La disminución resulta todavía más significativa porque ocurre en un país cuya población ha seguido creciendo. Aunque los registros presentan fluctuaciones importantes de un año a otro y 2020 constituye una anomalía por las restricciones de la pandemia, la tendencia de los últimos años apunta hacia una reducción de los matrimonios.
Después de alcanzar 52,583 en 2019, bajaron a 46,136 en 2021, se mantuvieron en 46,211 en 2022, aumentaron a 47,468 en 2023 y volvieron a descender a 44,645 en 2024 y 40,750 en 2025.
El divorcio gana terreno
La evolución de los divorcios presenta una historia diferente. En 2001 se registraron 12,821 divorcios, mientras que para 2025 la cantidad había aumentado a 24,711, prácticamente el doble.
La comparación con los matrimonios permite apreciar mejor la dimensión del fenómeno. En 2001 se produjeron alrededor de 34 divorcios por cada 100 matrimonios registrados. En 2016 la relación había aumentado a unos 41 por cada 100 y en 2025 alcanzó aproximadamente 61 divorcios por cada 100 matrimonios.

Esto no significa que seis de cada diez matrimonios celebrados en 2025 terminaran en divorcio, porque los divorcios registrados ese año corresponden a uniones celebradas en diferentes períodos. La relación, sin embargo, constituye un indicador útil para observar cómo ha aumentado el peso del divorcio dentro de los registros civiles dominicanos.
La tendencia había alcanzado niveles todavía mayores inmediatamente después de la pandemia. En 2021 se registraron 29,128 divorcios frente a 46,136 matrimonios, y en 2022 fueron 28,805 divorcios frente a 46,211 matrimonios. Posteriormente las separaciones legales han disminuido, hasta situarse en 24,711 durante 2025, pero siguen teniendo un peso considerablemente mayor que a comienzos de siglo.
Separarse también ha cambiado
Las estadísticas revelan otra transformación menos visible, como es la manera en que las parejas se divorcian.
En 2001 la incompatibilidad de caracteres era la principal causa registrada, con 7,739 casos, frente a 5,082 divorcios por mutuo consentimiento. En 2025 la situación se había invertido ampliamente: 16,252 divorcios fueron por mutuo consentimiento y 8,459 por incompatibilidad de caracteres.
De esta manera, aproximadamente dos de cada tres divorcios registrados durante el año pasado fueron producto del mutuo consentimiento.
Ese cambio puede interpretarse como una señal de que la ruptura matrimonial se ha convertido progresivamente en un proceso menos confrontativo desde el punto de vista jurídico, aunque las estadísticas por sí solas no permiten establecer las razones sociales o personales que llevan a las parejas a optar por esta modalidad.
El matrimonio también se hace menos religioso
La forma de casarse aporta otra pieza importante para comprender la transformación.
En 2001 se registraron 37,270 matrimonios, de los cuales 32,450 fueron civiles y 4,820 canónicos. Los matrimonios católicos representaban entonces alrededor del 13 % del total.
Para 2025, de los 40,750 matrimonios registrados, 35,635 fueron civiles, soloo 3,002 canónicos y 2,113 correspondieron a otras denominaciones religiosas.
Esto significa que cerca del 87 % de todos los matrimonios registrados en 2025 fueron civiles, mientras los canónicos representaron alrededor del 7.4 %. Si se suman las demás denominaciones religiosas, los matrimonios celebrados bajo alguna modalidad religiosa representaron aproximadamente el 12.6 %.
La ONE comenzó a incluir la categoría de "otros religiosos" a partir de 2013, por lo que no resulta metodológicamente correcto comparar directamente toda la serie de esos matrimonios con los primeros años.
El matrimonio canónico pasó de 4,820 celebraciones en 2001 a 3,002 en 2025, pese al crecimiento de la población durante ese período.
Una familia diferente
Tomadas en conjunto, las estadísticas dibujan una sociedad en la que casarse parece haber perdido parte de la centralidad que tuvo para generaciones anteriores, mientras la disolución legal del matrimonio se ha normalizado y las ceremonias civiles dominan ampliamente sobre las religiosas.
Estos datos pueden relacionarse con otras transformaciones que viene experimentando la sociedad dominicana, aunque no permiten establecer por sí solos una relación de causa y efecto. Entre ellas figuran una mayor participación laboral y educativa de las mujeres, mayor autonomía económica para decidir sobre la continuidad de una relación y cambios culturales en torno al matrimonio, el divorcio, la maternidad y la convivencia en pareja.
La estructura del hogar dominicano también refleja esa transformación. Los datos recientes de ENHOGAR-MICS 2025 muestran que 44.7 % de los hogares está encabezado por mujeres, mientras han ganado presencia otras configuraciones familiares distintas del modelo tradicional de padre, madre e hijos.
Esto no necesariamente supone una desaparición de la familia, sino una diversificación de las formas de organización familiar. Parejas que conviven sin casarse, hogares monoparentales, personas que viven solas, familias extendidas y hogares encabezados por mujeres forman parte cada vez más visible de la realidad social dominicana.
La mujer, una pieza fundamental del cambio
Uno de los elementos que merece mayor atención es precisamente la transformación de la posición de la mujer.
Una mujer con mayor nivel educativo, participación laboral e ingresos propios dispone de posibilidades que eran mucho más limitadas para generaciones anteriores. La dependencia económica podía constituir históricamente un obstáculo para terminar una relación deteriorada; una mayor autonomía puede reducir esa barrera.
Pero sería incorrecto concluir únicamente a partir de las cifras de matrimonios y divorcios que el desarrollo de la mujer es responsable del incremento de las separaciones. Para demostrar esa relación serían necesarios estudios específicos que vincularan variables como educación, ingresos, participación laboral, género y duración matrimonial.
Lo que sí muestran diferentes indicadores demográficos es que el papel de la mujer dentro del hogar dominicano ha cambiado sustancialmente, al mismo tiempo que también se modifica el comportamiento frente al matrimonio.
Menos influencia religiosa, pero no necesariamente menos religión
La disminución del peso del matrimonio canónico también merece una lectura cuidadosa. Los datos demuestran una reducción de su participación dentro de los matrimonios registrados, pero no permiten concluir que los dominicanos sean necesariamente menos religiosos.
Lo que sí puede afirmarse es que la institucionalización de las relaciones de pareja depende cada vez menos de la ceremonia católica. La expansión de otras denominaciones cristianas explica parte del cambio, pero incluso incorporándolas el matrimonio civil continúa representando una amplia mayoría.
Más que demostrar una pérdida general de la fe, las cifras apuntan hacia una secularización de determinadas decisiones de la vida privada ya que para formalizar jurídicamente una unión, cada vez más parejas recurren exclusivamente al Estado.