Los precios de los combustibles son uno de los principales desafíos para las economías de los países no exportadores de petróleo y sus derivados.
Para mitigar el impacto en la población, el Gobierno dominicano ha tenido que dedicar el equivalente a varios puntos porcentuales de su producto interno bruto en un subsidio que sólo proyecta prolongarse en los próximos meses.
Pero hay cosas del mercado de los combustibles que el gran grueso de la población desconoce, pero que impactan de manera determinante en la estabilidad económica dominicana.
Por ejemplo, la fórmula para la fijación de los precios de los combustibles en el mercado local se sustenta en una especie de bolsa que incluye la cotización de la semana del petróleo en el mercado de West Texa Index, pero en el que realmente tiene mayor impacto el combustible refinado.
Pocos dominicanos entienden que alrededor del 70 por ciento de los combustibles que importa República Dominicana son refinados y que el aumento de precios de estos productos es mucho mayor que el del petróleo crudo.
Por ejemplo, el precio del gasoil se ha duplicado en los últimos doce meses y la gasolina, en adición, ha aumentado en más de un 80 por ciento.
Por tanto, el subsidio que sale del presupuesto del Gobierno para mitigar el impacto inflacionario de ese fenómeno económico equivale a más de 40 pesos por cada galón de petróleo.
El fenómeno es mucho más complejo de lo que se puede observar a simple vista.
El subsidio, como está concebido, beneficia por igual a ricos y pobres, pero segmentarlo también resulta difícil en especial cuando se toma en consideración el impacto de los combustibles en los precios.
Ahora se requiere que las medidas para afrontar esa situación, completamente externa, sean asumidas por todos con la compresión que amerita un fenómeno tan complejo.
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