Higüey, La Altagracia.-La delincuencia aumenta cada día más, a un punto tal que ni siquiera los camposantos se salvan.
Tal es el caso del viejo cementerio municipal de Higüey, donde los ladrones aprovechan las noches para saquear los candados de seguridad, las lápidas de las bóvedas, floreros, portarretratos y hasta los velones que les llevan a los difuntos.
A esta situación se le suma que los delincuentes aprovechan los saqueos que le hacen al cementerio para consumir drogas, entre otras cosas.
Los objetos que los bandoleros se roban los venden en el mercado de esta ciudad entre 100 y 200 pesos, dependiendo del costo de los mismos.
Este flagelo es una práctica que lleva muchos años, no sólo en esta ciudad, sino en casi todo el país, actividad ilícita que no ha podido ser erradicada por las autoridades municipales, que son las encargadas de combatirla.
Los maleantes esperan que la seguridad del cementerio cierre a las seis de la tarde para volarse por las paredes y hacer sus fechorías.
La semana pasada unos malhechores se volaron y se llevaron la lápida de bronce de Pedro Valdez, hijo de Oscar Valdez, una de las familias más adineradas en esa ciudad.
Este cementerio es el más antiguo de Higüey, pues se remonta a tiempos inmemorables, según narraron el vigilante y algunos moradores. Muchos dijeron que fue inaugurado en el inicio de esta ciudad, es decir, que tiene alrededor de 500 años.
Martín, un personaje
Martín, quien no quiso por nada revelar su apellido, es el vigilante del cementerio viejo de Higüey, y con más de ocho décadas de edad parece que los años no le han pasado, pues realiza su labor con todo su amor, a pesar de tener un sueldo de apenas 4,700 pesos mensuales.
Este señor tiene más de 40 años laborando en el camposanto de esta ciudad. Pero Martín no sólo se limita a vigilar el camposanto, cosa que después de las seis de la tarde se escapa de sus manos, también se encarga de dar mantenimiento a las bóvedas, regar algunos arbustos y resolver cualquier inconveniente que se presente en el lugar.
Martín tiene una jornada de labor de 12 horas al día, lo que resulta admirable, en virtud de que a sus 86 años no se queja de su trabajo, más bien se muestra con orgullo ante las personas. Yo trabajo de seis de la mañana a seis de la tarde, pero eso no me pesa, dijo
La llegada de EL DÍA
Cuando llegaron los periodistas de EL DÍA al cementerio, Martín se resistió a hablar, lo primero que dijo fue ¨Yo no voy hablar, no se nada de aquí.
Luego de varios minutos, los reporteros empezaron hacerle preguntas que él sin darse cuenta respondió. Al principio Martín pareció un señor un poco encerrado, pero luego demostró lo contrario.
Aunque después de conversar un rato el vigilante respondió todo lo que se le preguntó, lo único que no quiso fue revelar su nombre y apellido, pues siempre que se le cuestionó decía: Yo nací sin nombre y apellido.
Más tarde llegaron unos amigos de él y le dijeron: Martín,cómo está usted, y así se pudo obtener el nombre.
Cuando el reportero escuchó, dijo: ¡Martín! ¿Y su apellido cuál es?, éste sonrió, y respondió: Te dije que yo no tengo apellido.
Sus amigos, al darse cuenta del dilema que tenían, le dijeron, pero Martín dígale su apellido, que eso no es nada, éste siempre se resistió, sin embargo, su amabilidad no se quedó atrás, y antes de los reporteros partir les deseó un buen viaje.
Limpieza del cementerio
El camposanto de esta ciudad luce una buena higiene, a pesar de ser el más antiguo de Higüey y de estar continuar funcionando.