Los cerdos - El Día Editorial

Los cerdos

Los cerdos

Las generaciones de más de 50 años recuerdan cómo, a raíz de la llegada de la fiebre porcina africana, hubo que sacrificar casi la totalidad de lo que hoy llamamos con nostalgia “cerdos criollos”.

A finales de los años setenta y principio de los ochenta la República Dominicana todavía era una sociedad significativamente rural, pero con medios de producción agropecuarios arcaicos, artesanales y hasta algo silvestres.

El sector porcino era, en esencia, informal y sin mucha tecnología.
En ese entonces hubo que sacrificar todos los cerdos para acabar con la fiebre porcina y el objetivo se logró.

A partir de aquella tragedia empezó a formarse una verdadera industria porcina en el país y la tecnología empezó a formar parte de la producción masiva de cerdos.

República Dominicana cuenta con impresionantes centros de producción de cerdos con uso de las técnicas más modernas de la genética para la reproducción, engorde e industrialización de este tipo de animales.

Antes del inicio de la pandemia del Covid-19, ya en China y Europa se producía la propagación de la Peste Porcina Africana, una nueva versión de aquella fiebre porcina africana que llevó a la eliminación del cerdo criollo.

Recientemente esa enfermedad hizo presencia y República Dominicana y se ha expandido rápidamente a casi todo el territorio.

Pero la situación hoy es mucho más favorable que la que existía cuando se produjo la aparición de la fiebre porcina africana a finales de los años setenta.
La solución sigue siendo la misma: sacrificar a los cerdos.

Mientras más tiempo se dure para aplicar las medidas necesarias, más tardaremos en la recuperación.
El Gobierno ha prometido pagar a precio de mercado los cerdos que sean sacrificados y ha empezado a cumplir.

Hay que sacrificar los cerdos infectados y los que están en peligro de infección, haciendo un esfuerzo inicial de salvar aquellos animales que por genética puedan contribuir a la reproducción rápida de una nueva “generación” de cerdos para que en cuestión de meses se vuelva a normalizar la producción.

Retrasar la implementación de las medidas recomendadas solo prolonga el problema y dilata la solución.



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