La Habana.- Cuba tendrá este martes otra jornada con prolongados apagones, sobre todo en el horario pico (tarde-noche), cuando se prevé que el mayor corte del suministro de electricidad deje hasta el 64 % de su territorio sin corriente a la vez, según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE), elaborados por EFE.
El país caribeño vive una grave crisis energética desde mediados de 2024, agravada hasta el extremo a partir de enero por el asedio petrolero de EE. UU., lo que la ONU ha calificado de contrario al derecho internacional. El Gobierno de la isla ha reconocido abiertamente que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es "crítica" y "extremadamente tensa".
En las últimas semanas, los apagones en La Habana han llegado a superar las 30 horas continuas en algunas zonas, situación que ha azuzado el descontento social y motivado protestas pacíficas con cacerolazos y quema de basureros en diversos barrios de la capital cubana.
La UNE, dependiente del Ministerio de Energía y Minas (Minem), prevé para el horario de mayor demanda una capacidad de generación de 1,215 megavatios (MW) frente a una demanda máxima de 3,250 MW. Así, el déficit será de 2,035 MW y la afectación estimada alcanzará los exorbitantes 2,075 MW.
El panorama técnico es desolador: nueve de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país no están operativas por averías o trabajos de mantenimiento. Además, están fuera de servicio 106 centrales de generación distribuida, dos centrales flotantes y otras dos plantas que operan con fueloil por falta de combustible.
Expertos independientes explican que Cuba requiere de unos 100,000 barriles de petróleo diarios para cubrir sus necesidades energéticas, de los cuales solo 40,000 provienen de su producción nacional. El resto del sistema padece los estragos de la infrafinanciación crónica, la obsolescencia y el cerco petrolero estadounidense.
Esta precaria situación energética ha agudizado la crisis general en Cuba, país que afrontará en este 2026 la contracción económica más profunda de la región, con un alarmante decrecimiento del 6.5 % de su Producto Interno Bruto (PIB), según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
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