Lo que falta en la educación dominicana

editorial

Cualquier propuesta del Gobierno relacionada con la educación tiene la magia, digámoslo así, de atraer la atención de importantes sectores nacionales, en muchos casos bajo el convencimiento de que se trata de un tema fundamental para el presente y el futuro de la nación.

Es así. Una comunidad instruida está en las condiciones de entender. Y mientras más profunda y extendida es la educación, más amplios serán los horizontes de la comprensión.

La familia en primer lugar, en la que se puede ver en cualquier tiempo un especial interés por los planteles, particularmente cuando se acerca el final del año escolar y afana por garantizarle a hijos un lugar en uno de su conveniencia.

Igual la familia debiera de mostrar su interés por el sistema de enseñanza, así fuera a través de la Asociación de Padres, Madres, Tutores y Amigos de la Escuela, a propósito del Decreto 309-26, que crea la Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa, la cual llama la atención de gremios vinculados, temerosos de que puedan perderse lo que consideran “conquistas del sector”.

Esto, desde luego, es legítimo. Pero tal vez la educación pasa a ser de una calidad satisfactoria para todos cuando la familia dominicana se dedique a demostrar por la calidad de la instrucción el celo que muestra por garantizarle a sus hijos un espacio en un plantel para el año escolar siguiente.

Si el pueblo dominicano va adelante y cambian las relaciones económicas y sociales para bien, algún papel ha tenido en ello el sistema de instrucción que tenemos.

Con un mejor sistema educativo, pensado para un desarrollo integral, los horizontes nacionales deberán de ser más amplios y luminosos.

La integración del núcleo familiar tiende a estár presente en todo estudiante exitoso.

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