Lo oportuno de la Encíclica Laudato Si de Santo Padre Francisco

Lo oportuno de la Encíclica Laudato Si de Santo Padre Francisco

Lo oportuno de la Encíclica Laudato Si de Santo Padre Francisco

Por: Ing. Juan Antonio González

Los primeros síntomas importantes de agotamientos de los recursos naturales y degradación del medio ambiente, se hicieron sentir a partir de la primera mitad del siglo pasado, situación que motivó a organismos internacionales como las Naciones Unidas, a convocar sectores de poder del mundo, con el propósito de buscarle solución a estos problemas que estaban causando efectos negativos a la salud y a la calidad de vida de la población mundial.

Fue consecuencia de esto último que las Naciones Unidas en el año 1972 realizó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, en la ciudad de Estocolmo, donde fueron tratados temas relacionados con la crisis ecológica como: Descargas de Sustancias tóxicas y liberación del calor, contaminación de los mares, asentamientos humanos, desastres naturales, falta de educación ambiental y agotamiento de los recursos naturales, los cuales fueron ratificados en la Conferencia de la Comunidad Mundial de Estados celebrada en Nairobi, Kenia en 1982, donde quedó expresada una profunda inquietud por la situación ambiental del mundo, lo que motivó que en la misma fueran tratados otros temas relacionados con la situación del planeta, tales como: Deforestación, degradación de los suelos, degradación de las aguas, enfermedades relacionadas con las condiciones ambientales, modificación de la atmósfera, deterioro de la capa de ozono, concentración de CO2, lluvia ácida, contaminación de los mares y aguas interiores, uso de sustancias peligrosas, extinción de especies animales y vegetales , urbanización y concentración creciente de la población, la pobreza y el consumo dispendioso.

La celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992 fue de esperanza para el mundo por los temas tratados, la Declaración de Principios y los acuerdos y convenios aprobados como fueron la Convención del Cambio Climático, la Convención de la biodiversidad, el Protocolo del Bosque y la Agenda XXI, que al igual que otras conferencias como la de Johannesburgo y la de Indonesia, no han surtido los efectos esperados para detener los procesos de destrucción de los suelos, la Flora, la Fauna, el agua, la degradación ambiental y la disminución de la calidad de vida, situación que ha venido preocupando a sectores de poder como organismo internacionales, binacionales , gobiernos, científicos, académicos, empresarios, grupos minoritarios, estudiantes, sindicatos, ecologistas, entidades feministas y las iglesias.

Han trascurrido más de 30 años, después de la celebración de la reunión de Estocolmo y muchos de los acuerdos y convenciones con las cuales se comprometieron países representados en dichas conferencias, no han sido puestos en práctica, por lo que cada día que pasa se incrementa el proceso de destrucción del ecosistema, la eliminación de la biodiversidad y la disminución de la calidad de vida de 7500 millones de personas que ahora están expuestas a los efectos del cambio climático.

Consciente de esta realidad que afecta el planeta y preocupada porque aun en pleno siglo XXI, no se haya buscado solución a esta situación que involucra a toda la humanidad, la iglesia católica a través de la Encíclica Laudato Si sobre el Cuidado de la Casa Común del Santo Padre Francisco, ha dejado oír su voz haciendo un llamado a la opinión pública a unir fuerzas en defensa de la Casa Común que luce degradada y triste, como consecuencia de un orden obsoleto cuyo único fin es el crecimiento económico, olvidándose de premisas importantes para el desarrollo sostenible como la condición humana y la dimensión ambiental.

Con el llamado de la iglesia católica a través de la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco y los resultados obtenidos en París por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el mundo espera que a partir de la firma del Acuerdo de París el 22 de abril en las sede de la Naciones Unidas, las cosas sean distintas, y que por consiguientes, se creen las condiciones anheladas por la humanidad para que el llamado de la iglesia Católica se convierta en realidad. Que Dios nos proteja y que la suerte nos acompañe.



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