Litoral español se ha convertido en "un enorme cementerio de cemento", debido a la crisis

ALICANTE, España.- Grúas paradas, esqueletos de edificios a medio construir y chalés invadidos por arbustos: la crisis inmobiliaria en España, especialmente en la excesivamente construida costa mediterránea, está lejos de ver la luz al final del túnel.

"Tu casa en la playa", dice una gran pancarta publicitaria junto a la autopista que une Madrid con Alicante (sureste). Con los pies en el agua, en la piscina desierta de la urbanización "Montecid" construida en unos montes pelados, una familia de turistas ingleses observa el mar… a 14 km.

Numerosos chalés están vacíos, otros están en venta, algunos inacabados. La oficina de ventas está temporalmente cerrada. La tienda, prefabricada, que ofrece servicios de telefonía, internet y televisión ha quebrado.

"Va muy mal. Han construido entre 450 y 500 chalés de los 2.000 previstos. Todo está parado", dice Nacho, gerente del bar-restaurante "El Oasis de Montecid".

Este complejo no tiene nada de excepcional en el litoral español, suerte de "Florida europea" desfigurada por el frenesí inmobiliario y especulativo alimentado durante mucho tiempo por los compradores extranjeros y la llegada masiva de inmigrantes venidos para trabajar en el ladrillo.

La primera línea de playa hace tiempo que había sido construida por lo que los promotores se lanzaron entonces a urbanizar el interior hasta que llegó el brutal frenazo de la demanda y del crédito en 2008.

"Un enorme cementerio de cemento. En esto se ha convertido el litoral español", comentaba recientemente el diario El País.

Y la crisis del sector está lejos de haber tocado fondo. A finales de 2008, España acumulaba un stock de 997.000 viviendas vacías, dos tercios de la mismas terminadas, de las que alrededor de la mitad están en la costa mediterránea.

Según un estudio publicado a principios de junio por el banco BBVA, esas existencias no dejan de aumentar hasta llegar a los 1,2 millones de unidades para 46 millones de habitantes.

Y todavía no han alcanzado su máximo. BBVA considera que España saldrá de la crisis inmobiliaria en 2011, cuando todas esas propiedades se hayan vendido y los precios hayan bajado alrededor de un 30%.

"El cliente no compra pensando que los precios van a seguir bajando, lo que prolonga la crisis. Hemos dejado de construir mientras no se vendan todas las casas construidas", comenta Ramón Martín, comercial del promotor inmobiliario Grupo Masa, en Santa Pola.

Este antiguo pueblo de pescadores, situado a 17 km al sur de Alicante, se ha transformado a lo largo de los años en una ciudad turística con sus avenidas "de Noruega", "de Luxemburgo", su Deutsche Bank y su "Traditional fish and chips".

Agobiados, algunos promotores que pidieron créditos a los bancos para construir venden a precio de coste. "No obtienen ningún margen, pero al menos dejan de pagar los intereses", comenta Ramón Martín.

Otros han quebrado. "Nosotros ofrecemos promociones de entre un 20 y un 25% en chalés", gracias a las señales perdidas por compradores que habían reservado un chalé sobre plano pero a los que el banco no dio el crédito, explica Ramón.

"El contrato estipula que el cliente debe pagar el 30% del valor de la vivienda al reservar. Si no puede pagar el resto, nos quedamos con el 50% de la suma". Luc Michelon, un francés en la cincuentena, cementa la terraza de su pequeño chalé, a dos kilómetros de la playa, del que recibió las llaves en marzo.

Frente a él hay una calle entera de chalés inacabados, abandonados. Empleado del grupo siderúrgico Arcelor en la región de Mosela (este de Francia), compró esta "parcelita por el sol, con vistas a su jubilación", antes de la crisis, a un precio de 193.000 euros en 2006.

Su único lamento: "hubiera podido comprar más barato"…

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